Los Ángeles

San Pablo, 01 de Julio del 2007.Mensaje Nº 237
Apreciados
Hermanos en Cristo y María:
Conforme el Mensaje anterior sobre el importante tema de los Ángeles
vemos aquí un hermoso texto de los Ángeles que acompañan a Nuestra
Señora desde su nacimiento; tal como el Mensaje anterior este también
trae grandes enseñanzas, cosas para que nosotros las tengamos en cuenta
el resto de nuestras vidas sin ningún tipo de excepción, no hay como
escapar a las verdades del Cielo, si nos debilitamos en algún momento,
de alguna forma tenemos que regresar, pues la verdad siempre será
inmutablemente la misma.
El triunfo no está solo en mantenerse sin caer, sino en levantarse
siempre,
en tener esperanzas de levantarse… para ir a la amistad de Dios
nuevamente; pero no nos demoremos, puede ser que sea demasiado tarde.
En Ágreda. interior de España allá por el 1655 hubo una Aparición muy
importante de Nuestra Señora a Sor María de Jesús de Ágreda, donde
Nuestra Señora le narra directamente muchos detalles de su vida en la
tierra, inclusive parte de la creación del mundo y su colaboración con
los inicios de la Iglesia; muchos entendimientos de misterios
celestiales le fueron dados en estas Apariciones a Sor María, tal fue el
grado de la importancia de la obra para el Cielo que hasta hoy se
mantiene su cuerpo Incorrupto de Sor María de Jesús de Ágreda desde su
fallecimiento en 1665.
Este libro de Mística Ciudad de Dios habla de la vida entera de Nuestra
Señora, de antes de nacer, de cómo fue concebida por el Altísimo,
durante su infancia, de cuando tuvo a Nuestro Señor, después de la
partida de Él, el libro es llamado así porque prácticamente Nuestra
Señora es considerada una Ciudad de Dios, y Mística por la inmensidad de
misterios que se guardan en Ella, y también es considerada la Nueva
Jerusalén como se comenta en el Apocalipsis 21 versículo 2.
P.D. En el Mensaje anterior Nº 236 comentamos que el Mensaje “Comiencen
a Evangelizar” era de una vidente de Europa, y en realidad se trata de
Catalina Rivas, vidente de Cochabamba, Bolivia, de su Mensaje La Puerta
del Cielo Nº PC16, aún estamos organizando nuestros archivos
¡Por
el Triunfo del Corazón Inmaculado de María!
Trechos del Libro Mística Ciudad de Dios, narrados por
Sor María de Jesús de Ágreda, en España, año 1660.
Cómo el Altísimo manifestó a los Santos Ángeles el tiempo determinado y
oportuno de la concepción de María Santísima
y los que Le señaló para Su guarda
Relato de Sor María de Jesús de
Ágreda
Libro 1º, Capitulo 14 (Año 1660)
Los mil Ángeles para la Virgen María
Ya
es llegado el tiempo -añadió Su Majestad- determinado por Nuestra
Providencia para sacar a luz
la criatura más grata y acepta a nuestros ojos,
la restauradora de la primera
culpa del linaje humano,
la que al dragón ha de quebrantar la cabeza (Génesis 3, 15), la que
señaló aquella singular mujer que por señal grande apareció (Apocalipsis
12, 1) en Nuestra presencia y la que vestirá de
carne humana al Verbo Eterno.
Ya se acercó la hora tan dichosa para los mortales, para franquearles
los tesoros de nuestra Divinidad y hacerles con esto patentes las
puertas del Cielo. Deténgase ya el rigor de Nuestra justicia en los
castigos que hasta ahora ha ejecutado con los hombres y
conózcase el de Nuestra Misericordia,
enriqueciendo a las criaturas, mereciéndoles el Verbo Humanado las
riquezas de la Gracia y Gloria eterna.
Determinó luego el Altísimo y señaló
quiénes
habían de ocuparse en tan alto ministerio y
de los nueve coros de Ángeles eligió de cada uno un ciento, que son
novecientos (900).
Y luego señaló otros
doce
(12)
para que la asistiesen en forma corporal y visible;
y tenían señales o divisas de la redención; y éstos son los doce que
refiere el capítulo 21 del Apocalipsis (Versículo 12) que guardaban las
puertas de la ciudad. Fuera de éstos señaló el Señor otros
dieciocho
(18)
Ángeles de los más superiores, para que subiesen y descendiesen por esta
escala mística de Jacob con embajadas de la Reina a Su Alteza y del
mismo Señor a Ella;
porque muchas veces los enviaba al eterno Padre para ser gobernada en
todas sus acciones por el Espíritu Santo, pues ninguna hizo sin su
Divino beneplácito y aun en las cosas pequeñas le procuraba saber. Y
cuando con especial ilustración no era enseñada, enviaba con estos
Santos Ángeles a representar al Señor su duda y deseo de hacer lo más
agradable a su voluntad santísima y saber qué la mandaba.
Sobre todos estos Santos Ángeles señaló y nombró el Altísimo otros
setenta serafines (70)
de los más supremos y allegados al Trono de la Divinidad, para que
delegasen con la Princesa del Cielo y la comunicasen del mismo modo que
ellos mismos se comunican entre sí. Cuando alguna vez se ausentaba y
escondía el Señor, estos setenta serafines La ilustraban y consolaban.
El número de setenta en este beneficio tuvo correspondencia a los años
de su vida santísima, que no fueron sesenta, sino setenta.
En este número se encierran aquellos sesenta fuertes que, en el capítulo
3 de Cantar de los Cantares (Versículo 7), se dice guardaban el tálamo o
lecho de Salomón, escogidos de los más valientes de Israel, ejercitados
en la guerra, con espadas ceñidas por los temores de la noche.
Y todos ellos juntos hacen número de Mil Ángeles, entre serafines y los
demás de órdenes inferiores; con lo que esta
Ciudad de Dios
quedaba superabundantemente guarnecida contra los ejércitos infernales.
Y para disponer mejor este invencible escuadrón fue señalado por su
cabeza el príncipe de la milicia Celestial
San Miguel,
que si bien no asistía siempre a la Reina, muchas veces la acompañaba y
se Le manifestaba. Y el Altísimo le destinó para que en algunos
Misterios, como especial embajador de Cristo Señor nuestro, atendiese a
la Guarda de su Madre Santísima. Fue asimismo señalado el
Santo Príncipe Gabriel,
para que del Eterno Padre descendiese a las comisiones y ministerios que
tocasen a la Princesa del Cielo. Y esto fue lo que ordenó la Santísima
Trinidad para su ordinaria defensa y custodia.
Emblemas con que los Santos Ángeles de la Guarda de María Santísima
Se Le Manifestaban, y de sus perfecciones
Relato de Sor María de Jesús de Ágreda
Libro 1º, Capitulo 23 (Año 1660)
De los mil Ángeles custodios de María
Ya queda dicho que estos Ángeles eran mil, mientras para las demás
personas apenas es uno el que las guarda. Pero debemos entender que
según la dignidad de María Santísima sus mil Ángeles la guardaban y
asistían con más vigilancia que cualquier Ángel de la guarda confiada a
un alma normal. Y fuera de estos mil, que eran de la guarda ordinaria y
más continua, la servían en diversas ocasiones muchos otros Ángeles,
en especial después que concibió en sus entrañas al Verbo Divino
Humanado.
Esto es lo que pretendo declarar en este capítulo, confesando mi
incapacidad, porque es dificultoso reducir a razones y términos de cosas
materiales las perfecciones y operaciones de espíritus intelectuales y
tan elevados. Pero si dejara en silencio este punto, omitía en la
Historia una grande parte de las más excelentes ocupaciones de la Reina
del cielo cuando fue viadora; porque después de las obras que ejercía
con el Señor, el más continuo trato era con sus ministros los espíritus
angélicos; y sin esta ilustre parte quedara defectuoso el discurso de
esta santísima Vida.
Forma visible y Belleza de los
Ángeles
Suponiendo todo lo que hasta ahora he dicho de los órdenes, jerarquías y
diferencias de estos mil ángeles, diré aquí la forma en que
corporalmente se le aparecían a su Reina y Señora. Los novecientos
Ángeles que fueron electos de los nueve coros (ciento de cada uno)
fueron nombrados de aquellos que más se distinguían a la estima, amor y
admirable reverencia por María Santísima.
Y cuando se le aparecían visibles, tenían forma de un joven pero de
extrema hermosura y agrado. El cuerpo manifestaba poco de terreno;
porque era clarísimo como un cristal animado y bañado de gloria, con que
imitaban a los cuerpos gloriosos y refulgentes.
A la belleza se juntaban extrema compostura y amable severidad. El
vestido era altivo, pero como si fuera todo resplandor, semejante a un
lucidísimo y brillante oro esmaltado con matices de finísimos colores,
con que hacían una admirable y hermosísima variedad para la vista. Todo
aquel ornato y forma visible no era proporcionada al tacto material ni
se podía agarrar con la mano, aunque se dejaba ver y percibir como el
resplandor del sol, que manifestando los átomos entra por una ventana,
siendo incomparablemente más vistoso y hermoso el de estos Ángeles.
Junto con esto traían todos en las cabezas unas coronas de vivísimas y
finísimas flores, que despedían suavísima fragancia de olores no
terrenos, sino espiritualizados y suaves. En las manos tenían unas
palmas tejidas de variedad y hermosura, significando las virtudes y
coronas que María Santísima había de obrar y conseguir en tanta santidad
y gloria; todo lo cual estaban como ofreciéndoselo de antemano
disimuladamente, aunque con efectos de júbilo y alegría.
En el pecho traían cierto emblema con una señal, que la entenderemos
como los emblemas de las órdenes militares; pero tenían una frase que
decía:
María Madre de Dios;
y
era para aquellos Santos Príncipes algo de mucha gloria, adorno y
hermosura;
pero a la Reina María no le fue manifestado
hasta el punto que concibió el Verbo Humanado.
María Madre de Dios
Este emblema o divisa era admirable para la vista, por el extremo
resplandor que despedía, señalándose entre el refulgente adorno de los
Ángeles; variaban también en los reflejos y rayos, representando la
diferencia de misterios y excelencias que se encerraban en esta
Ciudad Santa de Dios.
Contenía el más soberano renombre y más supremo título y dignidad que
pudo caber en pura criatura,
María Madre de Dios;
porque con él honraban más a su Reina y Nuestra, y ellos también
quedaban honrados, como señalados por suyos, y premiados, como quien más
se aventajó en la devoción y veneración que tuvieron a La que fue Digna
de ser venerada de todas las criaturas. Dichosas mil veces las que
merecieron el singular retorno del amor de María y de su Hijo Santísimo.
Los setenta serafines y sus seis alas
Los setenta serafines de los más allegados al trono que asistían a la
Reina,
fueron de los que más sobresalieron en la devoción y admiración de la
unión Hipostática de las dos naturalezas Divina y humana en la Persona
del Verbo;
porque como más allegados a Dios por la noticia y afecto, desearon
señaladamente que se obrase este misterio en las entrañas de una mujer;
y a este particular y señalado afecto, le correspondió el premio de
gloria esencial y accidental. Y a esta última, de que voy hablando,
pertenece el asistir a María Santísima y a los misterios que en ella se
obraron.
Cuando estos setenta serafines se le manifestaban visibles, los veía la
Reina en la misma forma que imaginariamente los vio Isaías,
con seis alas;
con las dos cubrían la cabeza, significando con esta acción humilde la
oscuridad de sus entendimientos para alcanzar el misterio y sacramento a
que servían; y que, postrados ante la majestad y grandeza de su Autor,
los creían y entendían con el velo de la oculta noticia que se les daba,
y por ella engrandecían con alabanza eterna los incomprensibles y santos
juicios del Altísimo. Con otras dos alas cubrían los pies, que son la
parte inferior que toca en la tierra; y por esto significan a la misma
Reina y Señora del Cielo, pero de naturaleza humana y
terrena; y la cubrían en señal de veneración y que la tenían como la
suprema criatura sobre todas y de su incomprensible dignidad y grandeza
inmediata al mismo Dios y sobre todo entendimiento y juicio creado; que
por esto también encubrían los pies, significando que tan elevados
serafines no podían dar paso en comparación a los de María, y a su
dignidad y excelencia.
Con las dos alas del pecho volaban o las extendían, dando a entender
también dos cosas: una, el incesante movimiento y vuelo del amor de
Dios, de su alabanza y
profunda reverencia que le daban; y la otra era que descubrían a María
Santísima en el interior del pecho, donde en el ser y obrar, como en
espejo purísimo, reflejaban los rayos de la Divinidad, mientras que
siendo viadora no era posible ni conveniente que se le manifestase tan
continuamente en sí misma. Y por esto ordenó la Beatísima Trinidad que
su Hija y Esposa tuviese a los serafines, que son las criaturas más
inmediatas y cercanas a la Divinidad, para que como en imagen viva viese
copiado esta gran Señora lo que no podía ver siempre en su
original.
Los doce Ángeles de las doce puertas
Los otros doce Ángeles, que son los de las doce puertas que San Juan
habló en el Capítulo 21 (Ver. 12) del Apocalipsis, se distinguían en el
afecto y alabanza de ver que Dios se humanase a ser maestro y conversar
con los hombres, y después a redimirlos y abrirles las puertas del cielo
con sus merecimientos, siendo colaboradora de este admirable sacramento
su Madre Santísima. Atendieron señaladamente estos Santos Ángeles a tan
maravillosas obras, y a los caminos que Dios había de enseñar para que
los hombres fuesen a la vida eterna, significados en las doce puertas,
que corresponden a las doce tribus. El retorno de esta singular devoción
fue señalar Dios a estos Santos Ángeles por testigos y como secretarios
de los misterios de la Redención, y que cooperasen con la misma Reina
del Cielo en el privilegio de ser Madre de Misericordia y Medianera de
los que a Ella acudieron a buscar su salvación. Y por esto Su Majestad,
la Reina, se sirve de estos doce Ángeles señaladamente, para que
amparen, ilustren y defiendan a sus devotos en sus necesidades, y en
especial para salir de pecado, cuando ellos y María Santísima son
invocados.
Oficios de los doce Ángeles
Estos doce ángeles se le aparecían corporalmente, como los que dije
primero, salvo que llevaban muchas coronas y palmas, como reservadas
para los devotos de esta Señora. Le Servían, dándole singularmente a
conocer la inefable piedad del Señor con el linaje humano, moviéndola
para que Ella le alabase y pidiese la ejecutase con los hombres.
Y en cumplimiento de esto los enviaba Su Alteza con estas peticiones al
trono del Eterno Padre; y también a que inspirasen y socorriesen a los
devotos que la invocaban, o ella quería remediar y patrocinar, como
después sucedió muchas veces con los Santos Apóstoles, a quienes por
ministerio de los Ángeles favorecía en los trabajos de la primitiva
Iglesia; y hasta hoy desde el Cielo ejercen estos doce Ángeles el mismo
oficio, asistiendo a los devotos de su Reina y nuestra.
Los Ángeles de la Pasión
Los dieciocho Ángeles restantes para el número de mil,
fueron los que se señalaron en el afecto a los trabajos del Verbo
Humanado;
y por esto fue grande su premio de gloria. Estos Ángeles se aparecían a
María Santísima con admirable hermosura; llevaban por adorno muchas
divisas de la Pasión y otros misterios de la Redención;
especialmente tenían una Cruz en el pecho y otra en el brazo,
ambas de singular hermosura y refulgente resplandor. Y la vista de tan
peregrino hábito despertaba a la Reina a grande admiración y más tierna
memoria y afectos compasivos de lo que había de padecer el Redentor del
mundo, y a fervorosas Gracias y agradecimientos de los beneficios que
los hombres recibieron con los misterios de la redención y rescate de su
cautiverio. La gran Princesa Se servía de estos Ángeles para enviarlos
muchas veces a su Hijo Santísimo con embajadas diversas y peticiones
para el bien de las almas.
Doctrina que dio la Reina del cielo a Sor María sobre los Ángeles.
Hija mía, en tres documentos te quiero dar la doctrina de este capítulo.
El primero,
que seas agradecida con eterna alabanza y reconocimiento al beneficio
que Dios te ha hecho en darte Ángeles que te asistan, enseñen y
encaminen en tus tribulaciones y trabajos.
De este beneficio se han olvidado los mortales con odiosa ingratitud y
pesada grosería, sin advertir en la Divina misericordia y dignación de
haber mandado el Altísimo a estos Santos Príncipes que asistan, guarden
y defiendan a otras criaturas terrenas y llenas de miserias y culpas,
siendo ellos de naturaleza tan superior y espiritual y llenos de tanta
gloria, dignidad y hermosura.
Por este olvido se privan los hombres ingratos de muchos favores de los
mismos Ángeles, además tienen indignado al Señor;
pero tú, carísima, reconoce tu beneficio y dale el retorno con todas tus
fuerzas.
El segundo documento sea, que siempre y en todo lugar tengas amor y
reverencia a estos espíritus divinos,
como si con los ojos del cuerpo los vieras, para que con esto vivas
advertida y circunspecta, como quien tiene presentes los cortesanos
del Cielo,
y no te atrevas a hacer en presencia suya lo que en público no hicieras,
ni dejes de obrar en el servicio del Señor lo que ellos hacen y de ti
quieren. Y
advierte que siempre están mirando la cara de Dios
(Mt., 18, 10), como bienaventurados, y cuando juntamente te miran a ti,
no
es razón que vean alguna cosa indecente;
agrádeceles lo que te guardan, defienden y amparan.
Sea el tercero documento,
que vivas atenta a los llamamientos, avisos e inspiraciones con que te
despiertan, mueven y te ilustran para encaminar tu mente y corazón con
la memoria del Altísimo
y en el ejercicio de todas las virtudes. Considera cuántas veces los
llamas y te responden; los buscas y los hallas; cuántas veces les has
pedido señas de tu amado y te las han dado; y cuántas ellos te han
solicitado al amor de tu Esposo,
han reprendido benignamente tus descuidos y remisiones;
y
cuando por tus tentaciones y flaquezas has perdido el norte de la luz,
ellos te han esperado, sufrido y desengañado,
volviéndote al camino derecho de las justificaciones del Señor y de sus
testimonios.
No olvides, alma, lo mucho que en este beneficio de los Ángeles
debes a Dios
sobre muchas naciones y generaciones;
trabaja por ser agradecida a tu Señor y a sus Ángeles sus ministros.
---0---
Trecho del Mensaje Nº 236
Mensaje de Ángeles a Marcos
Tadeu
17
de Noviembre del 2005
Mensaje del Ángel Lubatel
Los tres días de tinieblas no
fueron cancelados.
Desde 1994 la Madre de Dios ha conseguido aplazarlos con Sus súplicas y
Lágrimas ofrecidas al Altísimo, pero, llegará el momento que no podrá
hacerlo más, y entonces,
¡ay de los habitantes de la tierra!
¡Recen mucho y sacrifíquense para ayudar en la salvación de las almas!
¡Ejerciten la virtud de la paciencia, que ha sido tan olvidada!
¡Continúen con las oraciones y consuelen a la Madre Celestial!
¡La Paz, Marcos!
22
de Noviembre de 2005
Mensaje del Ángel Miriel
Marcos, Yo Soy el Ángel Miriel. Vengo para revelar cuán urgente y
necesario es rezar suplicando
la Gracia de la Protección de los Ángeles
en estos tiempos peligrosos en que viven. La protección Angélica
comienza en el instante de la
concepción de cada persona.
Ya allí, los Ángeles son destinados a guardar el alma recién creada por
el Altísimo, hasta que ella sea bautizada, redimida del pecado original,
cuando entonces recibirá a su Ángel de la Guarda definitivo.
Los Ángeles y los demonios pelean por aquella alma:
los Ángeles,
resaltando y presentando las gracias, méritos , dolores y trabajos que
Nuestro Señor y la Santísima Virgen sufrieron por la redención de ella;
y
los demonios,
alegando que ella fue
concebida con excesos en la hora de la generación de ella por sus
padres;
los Ángeles porfían alegando que Nuestro Señor derramó toda Su Sangre
por ella y que María Santísima lloró Lágrimas de Sangre por ella; y los
demonios a su vez, que aquella alma todavía es esclava del pecado
original y que, por lo tanto, ellos tienen derecho sobre aquella alma.
Peor es, si la criatura es hijo ilegítimo o concebido sin el Sacramento
del Matrimonio, o entonces con excesos en la hora de la generación, pues
ahí los demonios, en estas condiciones, tienen realmente libertad de
actuar más sobre esa alma, visto que ahí faltó la Gracia de Dios.
Los Ángeles entonces porfían alegando y presentando las
oraciones de los antepasados de aquella persona,
los méritos, oraciones y buenas obras de aquellos antepasados, para
repeler así la fuerza de los demonios. Y
María Santísima ordena entonces a los Ángeles que protejan y defiendan
aquella alma,
pues a pesar de todo, ella todavía podrá venir a ser un gran santo. Por
eso, desde el principio de la vida humana se hace presente
Nuestra acción de protección para las almas.
Es necesario, pues, pedir insistentemente
Nuestra protección y Nuestra ayuda constante.
Feliz aquel que a Nosotros
se encomiende con confianza, pues nunca será abandonado por Nosotros.
Traducción La Misión
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