La Santa Misa
San Pablo, 06 de Enero del 2008 Mensaje Nº 244
La Misión
Apreciados Hermanos en Cristo y María:
Este material que
ahora enviamos, el primero del 2008, nos va a transportar a un nivel
extraordinario de conocimiento religioso; es como si estuviéramos
acostumbrados con una TV blanco y negro de 10” y de un momento a otro
tenemos una TV Plasma 42” con Home Theater.
Como si nos
estuvieran quitando un velo, para que sepamos que es lo que en realidad
ocurre con uno de los principales misterios de la Iglesia, como si nos
dieran la oportunidad por primera vez, de ver la parte sobrenatural de un
misterio, demostrándonos fehacientemente que sí, que es verdad que Cristo
esta ahí ¡VIVO! y Nuestra Señora co-redentora
también esta presente y que además ocurren otras cosas que nos dejarán
iluminadamente impresionados… estamos hablando de “La
Santa Misa”, que después de que lean este testimonio, nunca más,
La Misa será igual para todos. Aprendamos a ofrecer en la Santa Misa.
El 9 de Marzo
de 1995, en la ciudad de Cochabamba-Bolivia, señales extraordinarios
comenzaron a ocurrir en el busto de un Cristo en yeso (reproducción común
del Cristo de Limpias), en la casa de Catalina Rivas. Ella misma pasa a
recibir mensajes de Jesús y María, sufriendo también estigmatizaciones.
Posición de
la Iglesia: los libros de mensajes recibieron el sello Imprimátur del
Arzobispo local, Mons. René Fernández, él autorizó también la veneración del
busto que llora y sangra.
Señales y
eventos: el busto de Cristo de yeso sangra más de 200 veces. Análisis en dos
laboratorios nacionales, uno en los Estados Unidos, y otro en Australia,
comprueban que la sangre es humana; una de las muestras de sangre, extraída
de la frente de Cristo, "contiene la punta de una espina", semejante a la
datilera, planta típica de país árido. Las estigmatizaciones son previstas
por Catalina y fueron monitoreadas por médicos, que no tienen explicación
para el fenómeno.
Fuente: www.grancruzada.org/grancruzada/
No es fácil
discernir tanta santa información de un golpe, pero lo será si nos apoyamos
siempre en el “pasamano” seguro, la Oración, la oración del Rosario, ella
nos ayudará a que el entendimiento fluya más fácil en nosotros y más aun,
nos permitirá poner en práctica muchas cosas leídas con santa facilidad. Al
terminar este impresionante testimonio, tenemos Mensajes de Nuestro Señor y
Nuestra Señora sobre la Iglesia, dados en USA.
Que el 2008
nos lleve a una conversión más profunda, que nos aumente la Fe, más
perseverancia y búsqueda de la santidad, por medio de los sacramentos,
oración, la Biblia y el amor Santo; que estemos más fortalecidos este año
para las pruebas que vendrán. Les desea La Misión.
Hermanos, les
agradecemos profundamente por leer los textos que enviamos, pues una obra
sin eco, es una obra vacía.
Por el Triunfo del Corazón Inmaculado de María!
LA
SANTA MISA
TESTIMONIO DE CATALINA RIVAS
En la
maravillosa catequesis con la que el Señor y la Virgen María nos han ido
instruyendo -en primer lugar enseñándonos la forma de rezar el Sto. Rosario,
de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de los momentos de encuentro
con Dios y con nuestra Madre bendita; la manera de confesarse bien- está la
del conocimiento de lo que sucede en la Santa Misa y la forma de vivirla con
el corazón.
Este es el
testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor Gloria de Dios
y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor. Para
que muchas almas consagradas a Dios, reaviven el fuego del amor a Cristo,
unas que son dueñas de las manos que tienen el poder de traerlo a la tierra
para que sea nuestro alimento, las otras, para que pierdan la “costumbre
rutinaria” de recibirlo y revivan el asombro del encuentro cotidiano con el
amor. Para que mis hermanos y hermanas laicos del mundo entero vivan el
mayor de los Milagros con el corazón: la
celebración de la Santa Eucaristía.
Era la
vigilia del día de la Anunciación y los componentes del grupo nuestro
habíamos ido a confesarnos. Algunas de las señoras del grupo de oración no
alcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para el día siguiente antes de
la Santa Misa. Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un poco atrasada,
el señor Arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio.
Dijo la
Virgen con aquella voz tan suave y femenina que a una le endulza el alma: “Hoy
es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha atención, porque
de lo que seas testigo hoy, todo lo que vivas en este día, tendrás que
participarlo a la humanidad”. Me quedé sobrecogida sin entender
pero procurando estar muy atenta.
Lo primero que
percibí es que había un coro de voces muy hermosas que cantaban como si
estuviesen lejos, a momentos se acercaba y luego se alejaba la música como
con el sonido del viento.
El señor
Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar a la Oración
Penitencial, dijo la Santísima Virgen:
“Desde
el fondo de tu corazón, pide perdón al Señor por todas tus culpas, por
haberlo ofendido, así podrás participar dignamente de este privilegio que es
asistir a la Santa Misa.”
Seguramente que
por una fracción de segundo pensé: “Pero si estoy en Gracia de Dios, me
acabo de confesar anoche”.
Ella
contestó: “¿Y
tú crees que desde anoche no has ofendido al Señor? Déjame que Yo te
recuerde algunas cosas. Cuando salías para venir aquí, la muchacha que te
ayuda se acercó para pedirte algo y como estabas con retraso, a la apurada,
le contestaste no de muy buena forma. Eso ha sido una falta de caridad de tu
parte y dices no haber ofendido a Dios…?”
“De
camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi te choca y te
expresaste en forma poco conveniente contra ese pobre hombre, en lugar de
venir haciendo tus oraciones, preparándote para la Santa Misa. Has faltado a
la caridad y has perdido la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimado
al Señor...?”
“En
el último momento llegas, cuando ya la procesión de los celebrantes está
saliendo para celebrar la Misa...y vas a participar de ella sin una previa
preparación....”
-Ya, Madre Mía,
ya no me digas más, no me recuerdes más cosas porque me voy a morir de pesar
y vergüenza- contesté.
“¿Por
qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes deberían estar antes
para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíritu,
que les otorgue un espíritu de paz que eche fuera el espíritu del mundo, las
preocupaciones, los problemas y las distracciones para ser capaces de vivir
este momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la celebración, y
participan como si participaran de un evento cualquiera, sin ninguna
preparación espiritual. ¿Por qué? Es el Milagro más grande, van a vivir el
momento de regalo más grande de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.”
Era bastante. Me
sentía tan mal que tuve más que suficiente para pedir perdón a Dios, no
solamente por las faltas de ese día, sino por todas las veces que, como
muchísimas otras personas, esperé a que termine la homilía del sacerdote
para entrar en la Iglesia. Por las veces que no supe o me negué a comprender
lo que significaba estar allí, por las veces que tal vez habiendo estado mi
alma llena de pecados más graves, me había atrevido a participar de la Santa
Misa.
Era día de Fiesta
y debía recitarse el Gloria.
Dijo nuestra Señora: “Glorifica
y bendice con todo tu amor a la Santísima Trinidad en tu reconocimiento como
criatura Suya”.
Qué distinto fue aquel Gloria.
De pronto me veía en un lugar lejano, lleno de luz ante la Presencia
Majestuosa del Trono de Dios, y con cuánto amor fui agradeciendo al repetir:
“...Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te
glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre
Todopoderoso y evoqué el rostro paternal del Padre lleno de bondad... Señor,
Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que
quitas el pecado del mundo...” Y Jesús estaba delante de mí, con ese rostro
lleno de ternura y Misericordia: “...porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú,
Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo...” el Dios del Amor hermoso,
Aquel que en ese momento estremecía todo mi ser...
Y pedí: “Señor,
libérame de todo espíritu malo, mi corazón te pertenece, Señor mío envíame
tu paz para conseguir el mejor provecho de esta Eucaristía y que mi vida dé
sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios, transfórmame, actúa en mí,
guíame ¡Oh Dios, dame los dones que necesito para servirte mejor...!”
Llegó el momento
de la Liturgia de la Palabra y
la Virgen me hizo repetir: “Señor,
hoy quiero escuchar Tu Palabra y producir fruto abundante, que Tu Santo
Espíritu limpie el terreno de mi corazón, para que Tu Palabra crezca y se
desarrolle, purifica mi corazón para que esté bien dispuesto.”
“Quiero
que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del sacerdote. Recuerda
que la Biblia dice que la Palabra de Dios no vuelve sin haber dado fruto. Si
tú estás atenta, va a quedar algo en ti de todo lo que escuches. Debes
tratar de recordar todo el día esas Palabras que dejaron huella en ti. Serán
dos frases unas veces, luego será la lectura del Evangelio entera, tal vez
solo una palabra, paladear el resto del día y eso hará carne en ti porque
esa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra de Dios lo
transforme a uno”.
“Y
ahora, dile al Señor que estás aquí para escuchar lo que quieres que El diga
hoy a tu corazón”.
Nuevamente
agradecí a Dios por darme la oportunidad de escuchar Su Palabra y le pedí
perdón por haber tenido el corazón tan duro por tantos años y haber enseñado
a mis hijos que debían ir a Misa los domingos, porque así lo mandaba la
Iglesia, no por amor, por necesidad de llenarse de Dios...
Yo que había
asistido a tantas Eucaristías, más por compromiso; y con ello creía estar
salvada. De vivirla, ni soñar, de poner atención en las lecturas y la
homilía del sacerdote, menos.
¡Cuánto dolor
sentí por tantos años de pérdida inútil, por mi ignorancia!... ¡Cuánta
superficialidad en las Misas a las que asistimos porque es una boda, una
Misa de difunto o porque tenemos que hacernos ver con la sociedad! ¡Cuánta
ignorancia sobre nuestra Iglesia y sobre los Sacramentos! ¡Cuánto
desperdicio en querer instruirnos y culturizarnos en las cosas del mundo,
que en un momento pueden desaparecer sin quedarnos nada, y que al final de
la vida no nos sirven ni para alargar un minuto a nuestra existencia! Y
sin embargo, de aquello que va a ganarnos un poco del cielo en la tierra y
luego la vida eterna, no sabemos nada, ¡Y nos llamamos hombres y mujeres
cultos…!
Un momento
después llegó el Ofertorio y
la Santísima Virgen dijo “Reza
así: (y yo La seguía) Señor,
te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus
manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo,
transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores,
por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos
combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones... Enséñame
a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro. Así
oraban los santos, así quiero que lo hagan”. Y
es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazón en el suelo para que ellos
no sientan la dureza, sino que los aliviemos con el dolor de aquel pisotón.
De pronto
empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como
si del lado de cada persona que
estaba en la Catedral, saliera
otra persona y aquello se
llenó de unos personajes jóvenes,
hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y
fueron saliendo hasta el pasillo
central dirigiéndose hacia el Altar.
Dijo nuestra
Madre: “Observa,
son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí. Es
el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante
el Altar del Señor.”
En aquel momento,
estaba completamente asombrada, porque esos seres tenían rostros tan
hermosos, tan radiantes como no puede uno imaginarse. Lucían unos rostros
muy bellos, casi femeninos, sin embargo la complexión de su cuerpo, sus
manos, su estatura era de hombre. Los pies desnudos no pisaban el suelo,
sino que iban como deslizándose, como resbalando. Aquella
procesión era muy hermosa.
Algunos de ellos
tenían como una fuente de
oro con algo que brillaba mucho con
una luz blanca-dorada, dijo la Virgen: “Son
los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa
Misa por muchas intenciones,
aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta
celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor...”
“OFREZCAN EN ESTE MOMENTO, OFREZCAN SUS PENAS, SUS DOLORES, SUS
ILUSIONES, SUS TRISTEZAS, SUS ALEGRÍAS, SUS PETICIONES. RECUERDEN QUE LA
MISA TIENE UN VALOR INFINITO POR LO TANTO, SEAN GENEROSOS EN OFRECER Y EN
PEDIR.”
Detrás de los
primeros Ángeles venían otros que no
tenían nada en las
manos, las llevaban vacías. Dijo la Virgen: “Son
los Ángeles de las personas que estando aquí, no
ofrecen nunca nada, que no tienen interés
en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que
llevar ante el Altar del Señor.”
En último
lugar iban otros Ángeles que estaban medio
tristones, con las manos juntas en oración pero con la mirada baja. “Son
los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es
decir de las personas que han
venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de
participar de la Santa Misa y
los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus
propias oraciones.”
“No entristezcan a su Ángel de la Guarda... Pidan mucho, pidan por la
CONVERSIÓN DE LOS PECADORES, POR LA PAZ DEL MUNDO, POR SUS FAMILIARES, SUS
VECINOS, POR QUIENES SE ENCOMIENDAN A SUS ORACIONES. Pidan, pidan mucho,
pero no sólo por ustedes, SINO
POR LOS DEMÁS.”
“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen
ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al bajar, los transforme por
Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada
y el pecado, pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel
ofrecimiento es grato al Padre.”
Aquel
espectáculo, aquella procesión
era tan hermosa que difícilmente podría compararse a otra. Todas aquellas
criaturas celestiales haciendo una reverencia ante el Altar, unas dejando su
ofrenda en el suelo, otras postrándose de rodillas con la frente casi en el
suelo y luego que llegaban allá desaparecían a mi vista.
Llegó el
momento final del Prefacio y
cuando la asamblea decía: “Santo,
Santo, Santo” de pronto, todo
lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del
señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonalaparecieron miles de
Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con
alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con
unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.
Todos se
arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la
cabeza. Se escuchaba una
música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces
y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo,
Santo, Santo…
Había llegado
el momento de la Consagración, el
momento del más maravilloso de los Milagros... Del
lado derecho del Arzobispo hacia atrás en forma también diagonal, una
multitud de personas, iban vestidas con la misma túnica pero en colores
pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores
muy suaves. Sus rostros también eran brillantes, llenos
de gozo, parecían que todos
tenían la misma edad. Se
podía apreciar (y no puedo
decirlo por qué) que
había gente de distintas edades, pero todos parecían
igual en las caras, sin
arrugas, felices. Todos se arrodillaban también ante el canto de “Santo,
Santo, Santo, es el Señor.”
Dijo nuestra
Señora: “Son
todos los Santos y Bienaventurados del cielo y entre ellos, también están
las almas de los FAMILIARES de ustedes que
gozan ya de la Presencia de Dios.”
Entonces La vi.
Allá justamente a la derecha del señor Arzobispo... un paso detrás del
celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas
telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua
cristalina, La
Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y
respetuosamente al celebrante. Me hablaba desde allá, pero silenciosamente, directamente
al corazón, sin mirarme.
“¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe
ser... Con todo lo que Me ama
Mi Hijo, no Me Ha dado la dignidad que DA
A UN SACERDOTE DE PODER TRAERLO ENTRE MIS MANOS DIARIAMENTE, COMO LO HACEN
LAS MANOS SACERDOTALES. Por
ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que
Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”
¡Dios mío,
cuánta dignidad, cuánta gracia derrama el Señor sobre las almas sacerdotales
y ni nosotros, ni tal vez muchos de ellos estamos concientes!
Delante del
altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color gris que
levantaban las manos hacia arriba. Dijo la Virgen Santísima: “Son
las almas benditas del Purgatorio que están a
la espera de las oraciones de ustedes para
refrescarse. No
dejen de rezar por ellas. Piden por
ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas, son ustedes quienes tienen
que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar
de Él eternamente.”
“Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo... La gente hace peregrinaciones y
busca los lugares de Mis apariciones, y está bien por todas las gracias que
allá se reciben, pero en ninguna aparición, en ninguna parte Estoy más
tiempo presente que en la Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la
Eucaristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco Yo
con los Ángeles, porque Estoy siempre con Él.”
Ver ese
rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual que todos
ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en espera de
aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo cielo. Y
pensar que hay gente, habemos personas que podemos estar en ese momento
distraídas, hablando... Con dolor lo digo, muchos varones más que mujeres,
que de pie cruzan los brazos, como rindiéndole un homenaje de pie al Señor,
de igual a igual.
Dijo la Virgen: “Dile
al ser humano, que nunca un hombre es más hombre que cuando dobla las
rodillas ante Dios.”
El celebrante
dijo las palabras de la “Consagración”.
Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a
volverse lleno de luz, una luz sobrenatural entre blanca y dorada lo
envolvía y se hacía muy fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía
ver sus rasgos. Cuando levantaba la forma vi sus manos y tenían
unas marcas en el dorso de las cuales salía mucha luz.
¡Era Jesús!... Era
Él que con Su Cuerpo envolvía el del celebrante como si rodeara amorosamente
las manos del señor Arzobispo. En
ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y en ella, EL
ROSTRO MARAVILLOSO DE JESÚS MIRANDO HACIA SU PUEBLO.
Por instinto
quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora:
“No agaches la mirada, levanta la vista, contémplalo,
cruza tu mirada con la Suya y repite la oración de Fátima: Señor, yo creo,
adoro, espero y Te amo, Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran,
no esperan y no Te aman. Perdón y Misericordia... Ahora dile cuánto lo amas,
rinde tu homenaje al Rey de
Reyes.”
Se lo dije,
parecía que sólo a mí me miraba desde la enorme Hostia, pero supe que así
contemplaba a cada persona,
lleno de amor... Luego bajé la cabeza hasta tener la frente en el
suelo, como hacían todos los Ángeles y bienaventurados del Cielo. Por
fracción de un segundo tal vez, pensé qué era aquello que Jesús tomaba el
cuerpo del celebrante y al mismo tiempo estaba en la Hostia que al bajarla
el celebrante se volvía nuevamente pequeña. Tenía
yo las mejillas llenas de lágrimas, no podía salir de mi asombro.
Inmediatamente Monseñor dijo las palabras consagratorias del vino y junto a
sus palabras, empezaron unos
relámpagos en el cielo y en el fondo. No había techo de la Iglesia ni
paredes, estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.
De pronto
suspendido en el aire, vi
a Jesús, crucificado, de la cabeza a la parte baja del pecho. El tronco
transversal de la cruz estaba sostenido por unas manos grandes, fuertes. De
en medio de aquel resplandor se desprendió una lucecita como de una paloma
muy pequeña muy brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se
fue a posar en el hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo
Jesús, porque podía
distinguir Su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero no veía
Su Rostro.
Arriba, Jesús
crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho del hombro
Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y descarnados. En el
costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la
izquierda sangre y hacia la derecha, pienso que agua pero muy brillante; más
bien eran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a
derecha e izquierda. ¡Me
asombraba la
cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz. Pensé que iba a
rebalsar y manchar todo el Altar, pero no cayó una sola gota!
Dijo la
Virgen en ese momento: “Este
es el MILAGRO DE LOS MILAGROS, te lo He repetido, para el Señor no existe ni
tiempo ni distancia y en el momento de la Consagración, toda la asamblea es
trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de Jesús.”
¿Puede
alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver, pero todos
estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando y
Está pidiendo perdón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sino por
cadauno de nuestros pecados: ¡PADRE,
PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN!
A partir
de aquel día, no me importa si me toman como
a loca, pero pido a todos que se arrodillen, que traten de vivir con el
corazón y toda la sensibilidad de que son capaces aquel privilegio que el
Señor nos concede.
Cuando íbamos
a rezar el Padrenuestro, habló el Señor por primera vez durante la
celebración y dijo: “Espera,
Quiero que ores con la mayor profundidad que seas capaz y que en este
momento, traigas a tu memoria a la persona
o a las personas que más daño
te hayan ocasionado durante tu vida, para que las abraces junto a tu pecho y
les digas de todo corazón: ‘EN
EL NOMBRE DE JESÚS YO TE PERDONO Y TE DESEO LA PAZ. EN EL NOMBRE DE JESÚS TE
PIDO PERDÓN Y DESEO MI PAZ’. Si esa persona merece la paz, la va a
recibir y le hará mucho bien; si esa persona no es capaz de abrirse a la
paz, esa paz volverá a tu corazón. Pero no Quiero que recibas y des la paz a
otras personas cuando no eres capaz de perdonar y sentir esa paz primero en
tu corazón.”
“Cuidado con lo que hacen” –continuó
el Señor- “Ustedes
repiten en el Padrenuestro: perdónanos así como nosotros perdonamos a los
que nos ofenden. Si ustedes son capaces de perdonar y no olvidar, como dicen
algunos, están condicionando el perdón de Dios. Están diciendo perdóname
únicamente como yo soy capaz
de perdonar, no más allá.”
No sé cómo
explicar mi dolor, al comprender cuánto podemos herir al Señor y cuánto
podemos lastimarnos nosotros mismos con tantos rencores, sentimientos malos
y cosas feas que nacen de los complejos y de las susceptibilidades. Perdoné,
perdoné de corazón y pedí perdón a todos los que me habían lastimado alguna
vez, para sentir la paz del Señor.
El celebrante
decía: “....concédenos la paz y la unidad... y luego: “la paz del
Señor esté con todos ustedes...”
De pronto vi
que en medio de algunas personas que se abrazaban (no todos), se colocaba en
medio una luz muy intensa, supe
que era Jesús y me
abalancé prácticamente a abrazar a la persona que estaba a mi lado. Pude
sentir verdaderamente el abrazo del Señor en esa luz, era Él
que me abrazaba para darme Su paz, porque
en ese momento había sido yo capaz de perdonar y
de sacar de mi corazón todo dolor contra otras personas. Eso es lo que Jesús
quiere, compartir ese momento de alegría abrazándonos para desearnos Su Paz.
Llegó el
momento de la comunión de los celebrantes, ahí volví a notar la presencia de
todos los sacerdotes junto a Monseñor. Cuando él comulgaba, dijo la Virgen:
“Este es el momento de pedir por el celebrante y los sacerdotes que lo
acompañan, repite junto a Mí: Señor, bendícelos, santifícalos, ayúdalos,
purifícalos, ámalos, cuídalos, sostenlos con Tu Amor... Recuerden a todos
los sacerdotes del mundo, oren por todas las almas consagradas...”
Hermanos
queridos, ese es el momento en que debemos pedir porque ellos son Iglesia,
como también lo somos nosotros los laicos. Muchas veces los laicos exigimos
mucho de los sacerdotes, pero somos incapaces de rezar por ellos, de
entender que son personas humanas, de comprender y valorar la soledad que
muchas veces puede rodear a un sacerdote. Debemos comprender que los
sacerdotes son personas como nosotros y que necesitan comprensión, cuidado,
que necesitan afecto, atención de parte de nosotros, porque están dando su
vida por cada uno de nosotros, como Jesús, consagrándose a él.
El Señor
quiere que la gente del rebaño que le ha encomendado Dios ore y ayude en la
santificación de su Pastor. Algún día, cuando estemos al otro lado,
comprenderemos la maravilla que el Señor ha hecho al darnos sacerdotes que
nos ayuden a salvar nuestra alma.
Empezó la
gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. Había llegado el gran
momento del encuentro, de la “Comunión”,
el Señor me dijo: “Espera
un momento, quiero que observes algo...” por
un impulso interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la
comunión en la lengua de manos del sacerdote.
Debo aclarar
que esta persona era una de las señoras de nuestro grupo que la noche
anterior no había alcanzado a confesarse, y lo hizo recién esa mañana, antes
de la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba la Sagrada Forma sobre su
lengua, como
un flash de luz, aquella luz muy dorada-blanca atravesó a esta persona por
la espalda primero y luego fue bordeándola en la espalda, los hombros y la
cabeza. Dijo el
Señor:
“¡Así
es como Yo Me complazco en abrazar a un alma que viene con el corazón limpio
a recibirme!”
El matiz de la
voz de Jesús era de una persona contenta. Yo estaba atónita mirando a esa
amiga volver hacia su asiento rodeada
de luz, abrazada por el Señor, y pensé en la maravilla que nos perdemos
tantas veces por ir con nuestras pequeñas o grandes faltas a recibir a
Jesús, cuando tiene que ser una fiesta.
Muchas veces
decimos que no hay sacerdotes para confesarse a cada momento y el problema
no está en confesarse a cada momento, el problema radica en nuestra
facilidad para volver a caer en el mal. Por otro lado, así como nos
esforzamos por ir a buscar un salón de belleza o los señores un peluquero
cuando tenemos una fiesta, tenemos que esforzarnos también en ir a buscar un
sacerdote cuando necesitamos que saque todas esas cosas sucias de nosotros,
pero no tener la desfachatez de recibir a Jesús en cualquier momento con el
corazón lleno de cosas feas.
Cuando me
dirigía a recibir la comunión Jesús repetía:
“La última cena fue el momento de mayor intimidad con los Míos. En esa hora
del amor, instauré lo que ante los ojos de los hombres podría ser la mayor
locura, HACERME PRISIONERO DEL
AMOR. INSTAURÉ LA EUCARISTÍA. Quise
permanecer con ustedes hasta la consumación de los siglos, porque Mi Amor no
podía soportar que quedaran huérfanos aquellos a quienes amaba más que a Mi
vida...”
Recibí
aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, era una mezcla de sangre e
incienso que me inundó entera. Sentía tanto amor que las lágrimas me corrían
sin poder detenerlas... Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme dijo el
Señor: “Escucha...” Y
en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una señora
que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar.
Lo que ella
decía sin abrir la boca era más o menos así: “Señor, acuérdate que estamos a
fin de mes y que no tengo el dinero para pagar la renta, la cuota del auto,
los colegios de los chicos, tienes que hacer algo para ayudarme... Por
favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus
borracheras y mi hijo menor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas,
tiene exámenes esta semana... Y no te olvides de la vecina que debe mudarse
de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar... etc., etc.
De pronto el
señor Arzobispo dijo: “Oremos” y
obviamente toda la asamblea se puso de pie para la oración final. Jesús dijo
con un tono triste:
“¿Te has dado cuenta? Ni una sola vez Me ha dicho que
Me ama, ni una sola vez ha agradecido el
don que Yo le He hecho de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humanidad, para
elevarla hacia Mí. Ni una sola vez ha dicho: gracias,
Señor. Ha sido una letanía de pedidos... y así son casi todos los que
vienen a recibirme.”
“Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Por amor espero a cada uno de
ustedes y por amor permanezco con ustedes..., pero ustedes no se dan cuenta
que necesito de su amor. Recuerda que SOY EL MENDIGO DEL AMOR en esta hora
sublime para el alma.”
¿Se dan
cuenta ustedes de que Él, el Amor, está pidiendo nuestro amor y no se lo
damos? Es más, evitamos ir a ese encuentro con el Amor de los Amores, con el
único amor que se da en oblación permanente.
Cuando el
celebrante iba a impartir la bendición,
la Santísima Virgen dijo: “Atenta,
cuidado... Ustedes hacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz. Recuerda
que esta bendición puede ser la última que recibas en tu vida, de manos de
un sacerdote. Tú no sabes si saliendo de aquí vas a morir o no y no sabes si
vas a tener la oportunidad de que otro sacerdote te de una bendición. Esas
manos consagradas te están dando la bendición en el Nombre de la Santísima
Trinidad, por lo tanto, HAZ LA SEÑAL DE LA CRUZ CON RESPETO Y COMO SI FUERA
LA ÚLTIMA DE TU VIDA.”
¡Cuántas
cosas nos perdemos al no entender y al no participar todos los días de la
Santa Misa! ¿Por qué no hacer un esfuerzo de empezar el día media hora antes
para correr a la Santa Misa y recibir todas las bendiciones que el Señor
quiere derramar sobre nosotros?
Estoy
consciente de que no todos, por sus obligaciones pueden hacerlo diariamente,
pero al menos dos o tres veces por semana, sí y sin embargo tantos esquivan
la Misa del domingo con el pequeño pretexto de que tienen un niño chico o
dos o diez y por lo tanto no pueden asistir a Misa... ¿Cómo hacen cuando
tienen otro tipo de compromisos importantes? Cargan con todos los niños o se
turnan y el esposo va a una hora y la esposa a otra hora, pero cumplen con
Dios.
Tenemos
tiempo para estudiar, para trabajar, para divertirnos, para descansar, pero
NO TENEMOS TIEMPO PARA IR AL MENOS EL DOMINGO A LA SANTA MISA.
Jesús me
pidió que me quedara con Él unos minutos más luego de terminada la Misa.
Dijo:
“No salgan a la carrera terminada la Misa, quédense un momento en Mi
Compañía, disfruten de ella y déjenme disfrutar de la de ustedes...”
Había oído a
alguien de niña decir que el Señor permanecía en nosotros como 5 o 10
minutos luego de la comunión. Se lo pregunté en ese momento:
Señor,
verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la comunión con nosotros?
Supongo que
el Señor se debió reír de mi tontera porque contestó:
Nuestro
Señor:
“Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo. Si me hablas todo el día,
dedicándome unas palabras durante tus quehaceres, te escucharé. Yo estoy
siempre con ustedes, son ustedes los que Me dejan a Mí. Salen de la Misa y
se acabó el día de guardar, cumplieron con el día del Señor y se acabó, no
piensan que Me gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese
día.”
“Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo y una habitación para cada
actividad: un cuarto para dormir, otro para cocinar, otro para comer, etc.
etc. ¿Cuál es el lugar que han hecho para Mí? Debe ser un lugar no solamente
donde tengan una imagen que está empolvada todo el tiempo, sino un lugar
donde al menos 5 minutos al día la familia se reúna para agradecer por el
día, por el don de la vida, para pedir por sus necesidades del día, pedir
bendiciones, protección, salud... Todo tiene un lugar en sus casas, menos
Yo”.
“Los hombres programan su día, su semana, su semestre, sus vacaciones, etc.
Saben qué día van a descansar, qué día ir al cine o a una fiesta, a visitar
a la abuela o los nietos, los hijos, a los amigos, a sus diversiones.
¿Cuántas familias dicen una vez al mes al menos: “Este es el día en que nos
toca ir a visitar a Jesús en el Sagrario” y viene toda la familia a
conversar Conmigo, a sentarse frente a Mí y conversarme, contarme cómo les
fue durante el último tiempo, contarme los problemas, las dificultades que
tienen, pedirme lo que necesitan... ¡Hacerme partícipe de sus cosas!?
¿Cuántas veces?”
“Yo lo sé todo, leo hasta en lo más profundo de sus corazones y sus mentes,
pero me gusta que me cuenten ustedes sus cosas, que Me hagan partícipe como
a un familiar, como al más íntimo amigo” ¡Cuántas gracias se pierde el
hombre por no darme un lugar en su vida!”
Cuando me
quedé aquel día con Él y en muchos otros días, fue dándonos enseñanzas y hoy
quiero compartir con ustedes en esta misión que me han encomendado. Dice
Jesús:
“Quise salvar a mi criatura, porque el momento de abrirles la puerta del
Cielo ha sido preñado con demasiado dolor...” “Recuerda que ninguna madre ha
alimentado a su hijo con su carne, Yo He llegado a ese extremo de Amor para
comunicarles mis méritos.”
“La Santa Misa Soy Yo mismo prolongando Mi vida y Mi sacrificio en la Cruz
entre ustedes. Sin los méritos de Mi vida y de Mi Sangre, ¿qué tienen para
presentarse ante el Padre? La nada, la miseria y el pecado...”
“Ustedes deberían exceder en virtud a los Ángeles y Arcángeles, porque ellos
no tienen la dicha de recibirme como alimento, ustedes sí. Ellos beben una
gota del manantial, pero ustedes que tienen la gracia de recibirme, tienen
todo el océano para beberlo.”
La otra cosa
de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que hacen un hábito
de su encuentro con Él. De aquellas que han perdido el asombro de cada
encuentro con Él. Que la rutina vuelve a ciertas personas tan tibias que no
tienen nada nuevo que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas
consagradas que pierden el entusiasmo de enamorarse del Señor y hacen de su
vocación un oficio, una profesión a la que no se le entrega más que lo que
exige de uno, pero sin sentimiento...
Luego el
Señor me habló de los frutos
que debe dar cada comunión en nosotros. Es que sucede que hay gente que
recibe al Señor a diario y que no cambia su vida. Que tienen muchas horas de
oración y que hace muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va
transformando y una vida que no se va transformando, no puede dar frutos
verdaderos para el Señor. Los méritos que recibimos en la Eucaristía deben
dar frutos de conversión en nosotros y frutos de caridad para con nuestros
hermanos.
Los laicos
tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, no tenemos ningún
derecho a callarnos ante el envío que nos hace el Señor como a todo
bautizado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No tenemos ningún derecho de
absorber todos estos conocimientos y no darlos a los demás y permitir que
nuestros hermanos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto pan en
nuestras manos.
No podemos
mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque estamos cómodos en
nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tanto del
Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, las peregrinaciones, la
Misericordia de Dios en el Sacramento de la confesión, la unión maravillosa
con el alimento de la comunión, las charlas de tales o cuales predicadores.
En otras
palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de salir de
nuestras comodidad, de ir a una cárcel, a un instituto correccional,
hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que ha nacido
católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese su dolor
va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a ganar la
vida eterna.
No somos
capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales y rezando la
coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese
momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de las trampas y
tentaciones del demonio. Todo moribundo tiene temor y el solo tomar la mano
de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo espera
en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus seres que partieron, los
reconforta.
La hora que
estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia. Tenemos que ser
la mano larga de nuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden llegar.
Pero para ello, para tener el valor, debemos recibir a Jesús, vivir con
Jesús, alimentarnos de Jesús.
Tenemos miedo
a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice: “Busca
primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura”, es el
todo hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por todos los medios y
con todos los medios y... ¡abrir las manos para recibir TODO por añadidura;
porque es el Patrón que mejor paga, el único que está atento a tus menores
necesidades!
-0-
Mensajes
de Nuestra Señora de las Rosas
Sobre
Eucaristía, Misa e Iglesia
A Verónica
en New York-
USA
BONDAD Y
AMOR:
"¡No debéis
tomar el Cuerpo de Mi Hijo en vuestras
manos! ¡Abrís la puerta para la entrada de los espíritus malignos
que profanan el Cuerpo de Mi Hijo! Los dedos consagrados de un hombre de
Dios, debidamente ordenado, los sacerdotes, colocarán a Mi Hijo dentro de
vuestra boca, y debéis absorber Su Cuerpo con bondad y amor."
Nuestra Señora, 22 de marzo 1975.
HOMBRE DE
Dios:
"Un sacerdote
es un hombre de Dios, escogido exclusivamente del mundo para ser
representante del Hijo de Dios... Como hombre de Dios, él os trae
el Cuerpo y la Sangre de vuestro Salvador. "Os digo... ¡que nadie tomará en
sus manos el Cuerpo purificado de vuestro Salvador! ¡Sólo
los dedos consagrados y las manos consagradas del
representante de Cristo el Señor, dará y traerá este regalo a la humanidad." Santa
Teresita, 2 de octubre 1975
PLAN
SINIESTRO:
"Os pregunto,
hijos Míos: vosotros Me preguntáis muchas veces en vuestras oraciones,
¿debéis de aceptar el Cuerpo de Mi Hijo en vuestras manos? ¡Os
digo no! y de nuevo ¡no!, con razón.
"No podéis
juzgar a todos aquellos alrededor vuestro, hijos Míos: quienes han aceptado
esta práctica diabólica bajo la apariencia de liderazgo. No, hijos Míos,
esto se introdujo
para profanar a Mi Hijo, para quitarle la verdad de Su
naturaleza divina.
"¡Ninguno
quien escuche Mi voz debe aceptar el Cuerpo de Mi Hijo ni Su Sangre en las
manos. El cáliz volcará y quedaréis bañados en Su Sangre!
"Fue, hijos
Míos, un plan siniestro desde las entrañas del infierno, para removeros el conocimiento
de la divinidad de Mi
Hijo."
Nuestra Señora, 10 de febrero 1978
ENGAÑADOS:
"Una y otra
vez, Yo viaje de aquí para allá instruyendo a Mis hijos que permanezcan
cerca de la Eucaristía, el Pan de la Vida. Pero no seáis mal guiados: no
aceptéis el Cuerpo de Mi Hijo en vuestras manos.
"Satanás,
Lucifer, vino como un ángel de luz e impuso a sus agentes entre la Jerarquía
de la Iglesia de Mi Hijo y los engañó. Toda clase de abominaciones están
siendo cometidas ahora sobre el Cuerpo de Mi Hijo."
Nuestra Señora, 15 de julio 1978
SATANISTAS:
Verónica: Todo
el que es de buen espíritu y corazón, ahora hará un esfuerzo concentrado
para consolar el Corazón lastimado de Jesús en los tabernáculos del mundo.
La
Comunión en la mano fue fomentada por satanás debido al aumento de los satanistas ahora
en nuestra nación y en el mundo. Ellos conducen misas negras secreta, y
abiertamente. Los
niños son las principales víctimas de este mal.
La Especie
Sagrada, la Hostia, está siendo empleada durante estos ritos de misas negras
y de satanismo en una manera sumamente abominable. Por
favor, dice Nuestra Señora, no acepten la Hostia en sus manos. No
permitan que esto se haga sin protestar. 19
de noviembre 1977.
FARSA:
“Pastores,
ningunas manos más que aquellas consagradas por un sacerdote legalmente
ordenado, darán
la Hostia a otros. Es mejor que paséis más tiempo consumiendo
vuestro papel como representantes de Cristo que uniéndoos al mundo.
"¡Los
ministros extraordinarios (eucarísticos) se han vuelto una farsa! ¿Mujeres? ¿Niños?
¿Qué será de vosotros? Las
reglas de disciplina en las Casas de Mi Hijo ya se os han dado.
"¡Sólo los
representantes legalmente ordenados de Mi Hijo, ellos reciben al Espíritu
Santo, y el Espíritu Santo considera que ellos llevarán la Hostia al hombre
y a la mujer recipientes, y a los hijos!" Nuestra
Señora, 21 de agosto 1975.
NINGÚN
DIÁCONO CASADO:
"Porque ahora
planeáis tomar hombres casados, y hacer de ellos lo que llamáis diáconos
para dar la beatitud
y santidad, la gracia del matrimonio a Mis ovejas, ¿Qué derecho
tenéis de cambiar las reglas y la dirección?
"Comprended
bien: que cuando designé los Apóstoles, no habían títulos dados como
cardenales u obispos, pero Pedro fue el Primer Papa, el líder, y ¿no diríais
que los Apóstoles fueron los primeros obispos?
"Y después de
eso escogieron de las multitudes a
siete, quienes llamáis diáconos e inscritos en la lista como diáconos, pero
fueron verdaderamente sacerdotes en ese tiempo. Pero
no necesitáis ese procedimiento ahora, si estáis dispuestos a preguntarle al
Padre Eterno -y si no os entregáis a vosotros mismos a doctrinas diabólicas-
tendréis suficientes sacerdotes para llevar a cabo el ministerio. Pero, ¿qué
hacéis ahora?
"¡Buscáis
hacer sacerdotes
instantáneos, en contra
de la Voluntad del Padre Eterno! ¡Engañáis
a otros a pensar que vuestros diáconos pueden tomar los SACRAMENTOS
Y ADMINISTRARLOS COMO EN EL SACERDOCIO!Un sacerdote, hijos Míos, es
un hombre escogido por Dios, un verdadero sacerdote legalmente ordenado es
muy superior a cualquier hombre, porque Me representa en la Deidad."
Jesús, 23 de mayo 1979
NINGUNA
MUJER:
"Y os digo
que ¡nadie sino sacerdotes legalmente ordenados en Mi Casa llevarán Mi
Cuerpo a las multitudes! ¡Ninguna
mujer se parará en el Lugar Santo! Ninguna
mujer contenderá o competirá por mando en Mi Casa.
"Yo os digo, tenéis
que volver y leer los Mandamientos del Padre Eterno. Tenéis
que volver y leer las reglas que Pablo os dio. Lo
habéis desechado y escribís otro libro, una Biblia, un tomo; lo escribís
para agradar vuestra propia naturaleza humana, básica y carnal.
"El camino se os ha dado en el pasado, y el camino no cambia.
Es un camino sencillo. Las reglas han sido dadas, ¿y las cambiáis para qué? ¿Estaban
imperfectas? ¿CONSIDERÁIS
QUE EL PADRE ETERNO ESTÁ EN ERROR? Yo
os digo, vosotros blasfemáis en vuestra consagración.
"Yo os digo,
devolveréis Mi Casa a su antiguo estado de honor, gloria, disciplina." Jesús,
15 de julio 1977
PADRE
ETERNO:
"Repito de
nuevo para vuestro esclarecimiento: ninguna
mujer se pondrá durante el Sacrificio como sacerdote. ¡Cómo
os atrevéis a prestaros para un cambio creado
por satanás!
"El
plan del Padre Eterno os ha sido dado a conocer muy claramente.
Vuestro padre ahora no es el Padre Eterno del Cielo, ¡sino el padre de todos
los mentirosos, satanás! ¡El
Cuerpo de Mi Hijo, sacrificado por vosotros, torturado por vosotros, ¡ahora
está siendo re-crucificado en Su
propia Iglesia!"
Nuestra Señora, 18 de marzo 1976
LA MISA ES
VÁLIDA:
"No perdáis
la fe en Mi Misa. Es válida. El hombre la puede distorsionar, pero es
válida, os digo. Cuando un sacerdote de la Iglesia Católica Romana,
legalmente ordenado, celebre esta Misa, ¡es válida, os digo!"
Nuestro Señor Jesús, 7 de Diciembre, 1976