Y Triunfó Cristo sobre el demonio

Parte 1

 

Lima, 08 de Mayo del 2008 Mensaje Nº 247

La Misión

 

Y nosotros sabemos que talentos tenemos? Veamos la Biblia:

Mateo 25, 14-30

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el de los dos talentos dijo:

Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegándose también el que había recibido un talento dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.

Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

 

La Misión: Muchos han creído que el talento de esta parábola es una medida material, de multiplicación de bienes o de capacidad de administración económica; cayendo en el materialismo, tergiversando la palabra santa, aduciendo que hasta la Biblia dice, el que multiplica su dinero es mejor del que no lo hace. Eso es lo que hace el mal, influye ideas erradas de la palabra santa, pues la Biblia jamás estimularía la multiplicación material ya que ella misma lo dice: Si Dios da de comer todos los días a las aves con mayor razón se ocuparía de ti (Mateo 6,24).

El talento aquí es eso, nuestros talentos, dones, capacidades, potencias, aptitudes por las cuales sobresalimos más, todos tenemos algo en que somos más hábiles, muchos nos hemos dedicado a perfeccionar estos talentos con el pasar de los años, en nuestros estudios, trabajos,  negocios, en lo social, etc., pues por naturaleza hemos nacido con ciertos talentos.

Por lo tanto en pocas palabras en esta parábola Jesús nos pregunta: Que haz hecho con los talentos que te di? Cuanto se ha multiplicado tu amor por tu Creador? Cuanto te has perfeccionado en función al Cielo, a Mí? Cuantos almas has conseguido atraer a Mi con tus talentos? Te he dado excelentes talentos y maravillosa familia, has usado tus capacidades para atraerlos a Mí y que ellos atraigan a otros y así has multiplicado los talentos que te di, o los has enterrado?

Estás tu y los tuyos concientes de mi Amor y Existencia, Soy primero en sus vidas como resultado del uso de tus talentos, o has usado tus talentos solo para enriquecerte y tener una vida cómoda?

Unos darán el doble, otro menos, cada uno tiene diferente capacidad. Hermanos esto va de la mano con la lectura del mensaje Nº 245, sobre la parábola del sembrador… Que has hecho con los Mensajes que recibiste? Has usado tus talentos para multiplicarlos o los has enterrado?

Los talentos que Dios nos dio, luego vendrá Él ajustar cuentas, y no es para preguntarnos cuanto patrimonio hicimos con nuestras capacidades, ya que a Él no le interesa lo material, Él vendrá por lo suyo, por el amor que hay dentro del corazón, de las almas, el amor que dejó y cuanto creció hacia Él y cuantos más juntamos para Él.

 

Apreciados Hermanos en Cristo y María:

         La Misión continúa difundiendo textos del Libro Mística Ciudad de Dios, pues tuvimos conocimiento de ellos en las Apariciones de Jacareí, y al vidente Marcos, Nuestra Señora mucho le pidió que lo difunda, y como fuimos convertidos por las Apariciones de Jacareí, por lo mismo respetamos el pedido de la Madre de difundirlo.

Hace muchos siglos en Ágreda, España había una joven llamada Sor Maria de Jesús Ágreda, donde tuvo infinidad de Apariciones de la Virgen María, para dictarle Ella misma la vida de la Virgen Santísima, contada por la misma Madre y escrita por Sor Ágreda; esto duró algunos años, donde fue revelado secretos de la vida de la Virgen que el mundo desconoce, siendo secreto revelados por la misma Virgen, constituye un tesoro, que se llama Mística Ciudad de Dios, libro muy difícil de encontrar (1).

Estos libros prácticamente desaparecieron del mercado, pero en las Apariciones de Jacareí, Nuestra Señora tenia una predilección especial por una versión de estos libros, por eso llevo prácticamente de la mano al vidente Marcos, a un convento en una ciudad del interior de Paraná-Brasil para buscar, una copia original de la traducción en portugués hecha en ese convento y solicitar autorización para reproducir y difundir, y así lo hizo.

Sor Maria de Jesús Ágreda tiene hasta hoy su cuerpo incorrupto (sin descomposición) desde su muerte el 24 de Mayo de 1665, nada más que 343 años de conservación, Gloria a Dios!

 

Antes pidamos: A nosotros venid Divina Luz, en nuestras almas encended, el amor de Jesús, Divino Espíritu descended, a los corazones ven inflamar y en nuestras almas preparad para lo que Dios nos quiere hablar.

 

Aparición del dia 19/03/2001

Marcos: Yo estaba regresando de viaje de Paraná, donde había ido a buscar los Libros de Mística Ciudad de DIOS, y mas o menos a la altura de Guararema, en la vía Dutra, Nuestra Señora se me Apareció. En cuanto la Apariciónocurría, Marcos Augusto (*) continuaba manejando. Nuestra Señora entonces me saludó, como siempre, y rezó conmigo un Padre-Nuestro. Después, Ella me dijo unas palabras particulares, y en seguida continuó:

Nuestra Señora: Estoy muy feliz por que estés llevando los Libros sobre Mi Vida para Jacareí, a través de estos Libros, Yo haré Mi TRIUNFO comenzar ya en los corazones de las personas que Los lean... Estos serán el Gran Remedio que aplicaré en las almas, para curarlas y libertarlas de los pecados y Mi Triunfo en la Tierra!

Estoy muy Agradecida por estar trayendo Mis Tesoros para aquí"

(*) M.A. es colaborador directo de Marcos Tadeu hasta hoy.

 

Maria Santísima en Jacareí el 07/04/2001

"Fui Yo Misma que revelé todo eso a Mi hijita Sor Maria de Ágreda"

 

PD. La conferencia del vidente Pedro Regis en Lima será prorrogado hasta nuevo aviso. Por falta de quórum.

 

Por el Triunfo del Corazón Inmaculado de Maria!

 

Al final existe infierno?

Si existe, donde está? Y el purgatorio?

Trecho del Capitulo 25 parágrafo 1459

Libro Mística Ciudad de Dios

 

En aquel sábado después del viernes Santo:

Entre otras obras que se ocupó nuestra divina Reina parte del sábado, cuando se hizo tarde se retiró otra vez a su recogimiento, dejando a los Apóstoles renovados en el espíritu y llenos de consue­lo y gozo del Señor, pero siempre lastimados de la pasión de su Maestro.

En el retiro de esta tarde colocó la gran Señora su mente en las obras que el Alma Santísima de su Hijo hacía, después que salió de Su Sagrado Cuerpo. Porque desde entonces supo la beatísima Madre cómo aquella alma de Cristo unida a la Divinidad descendía al LIMBO de los Santos Padres para sacarlos de aquella cárcel subterránea, donde estaban detenidos desde el primer justo que murió en el mundo esperando la venida del universal Redentor de los hombres.

Y para aclarar este misterio, que es uno de los artículos de la Santísima humanidad de Cristo Nuestro Señor, me parece correcto informar de todo lo que a mí se me ha dado a enten­der sobre aquel lugar del limbo y su asiento.

Digo, pues, que la tierra y su globo tiene de diámetro, pasando por el centro de una superficie a otra, dos mil quinientas y dos leguas (legua=5.55 Km.) y hasta la mitad, que es el CENTRO, hay mil doscientas cincuenta y una (6,950km).

En el centro está el INFIERNO de los condenados como en el corazón de la tierra, y este infierno es una caverna o caos que contiene muchas estancias tenebrosas con diversidad de penas, todas tremendas y espanto­sas, y de todas se formó un globo a modo de una tinaja de inmensa magnitud, con su boca o entrada muy espaciosa y dilatada. En este horrible calabozo de confusión y tormentos estaban los demonios y todos los condenados, y estarán en él por toda la eternidad mien­tras Dios fuere Dios, porque en el infierno no hay ninguna reden­ción.

A un lado del infierno está el PURGATORIO, donde las almas de los justos purgan y se purifican, cuando en esta vida no acaba­ron de satisfacer por sus culpas, ni salen de ella tan limpios de sus defectos que puedan luego llegar a la visión beatífica. Esta caverna también es grande, pero mucho menos que el infierno.

A otro lado está el LIMBO con dos estan­cias diferentes: una para los niños que mueren con solo el pecado original y sin obras buenas ni malas del propio albedrío; y otra sirve para depositar las almas de los justos, purgados ya sus pecados, pero que no podían entrar en el cielo ni gozar de Dios hasta que se hiciese la Redención humana y Cristo nuestro Salvador abriese las puertas que cerró el pecado de Adán. Esta caverna del limbo tam­bién es menor que el infierno y no se comunica con él, ni tiene penas del sentido como el purgatorio, porque ya llegaban a él las almas purificadas desde el purgatorio y sólo carecían de la visión beatí­fica, que es pena de daño, y allí estaban todos los que habían muer­to en gracia hasta que murió el Salvador.

A este lugar del limbo bajó Su Alma Santísima con la Divinidad, cuando decimos que bajó a los infiernos, porque este nombre de infierno significa cualquier parte de aquellas inferiores que están en lo profundo de la tierra; aunque en el modo común de hablar por el nombre de infierno entendemos el de los demonios y condenados, porque aquél es el más famoso significado, como por nombre de cielo entendemos el empíreo ordinariamente, donde están los santos, y donde permanecerán para siempre, como los condenados en el infierno, aunque el limbo y purgatorio  tienen  otros  nombres  particulares.

Y después  del  juicio final  sólo  el  Cielo y  el infierno  serán  habitados, porque el purgatorio no será necesario y del  limbo han de salir también los niños a otra habitación diferente.

 

La Misión: Hermanos, seguramente algunos ya conocen este texto, pero leerlo nuevamente parece la primera vez. Se dan cuenta como nuestra capacidad de percepción por estas cosas toma tal profundidad, que parece que un baño de entendimiento nos acaba de atravesar… cuantas cosas en estas pocas líneas se nos ha explicado, y hemos pasado años de años creyendo que no necesitamos saber más, y recién nos enteramos donde esta el infierno.. Pero, con todo esto acabamos de comprender sobre todo como el mal se las ha ingeniado toda nuestra santa vida en hacernos creer que no existe, en convencernos inteligentemente que eso es cuento de niños, de que hay que reírse de eso, es ridículo pensar que haya infierno, o de que vamos a ir ahí por los pecados; nos ha convencido y lo sigue haciendo que eso es mentira.

El pecado también fue sutilmente olvidado, no hay pecado, entonces no debe existir castigo, menos infierno… pero como se llegó a eso? Simple… digamos que el pecado terminó siendo solamente un sentimiento de culpabilidad, que tal vez nuestras experiencias vividas trae algunos complejos, finalmente el pecado terminó confinado en unos minutos de psicoanálisis. Así de simple se eliminó la gravedad del pecado en nuestras almas, la ofensa a Dios y por ende el castigo. Se le llevó al plano puramente humano, retirándole la capa espiritual, borrando de nuestros diccionarios la importancia de la eternidad. Pero ya sabemos el mal tiene casa y la distancia entre nuestro zapato y su casa (condenación) es de casi 7,000 kilómetros.

 

Estimados hermanos lectores, continuemos aprendiendo las revelaciones de Nuestra Señora a Sor Ágreda, esta parte es muy intensa, el nivel de enseñanza para la cristiandad es grande, pues son misterios revelados, tanto de la parte Celestial, por lo que concierne a Nuestro Señor, como de la parte del mal, su actuar, el cual seguramente cada uno de ustedes podrán deducir de donde salió en el mundo tanta cosa que enfrenta a Dios.

 

El triunfo que Cristo nuestro Salvador alcanzó en la Cruz

sobre el demonio y la muerte.

Y un conciliábulo que hi­cieron los demonios en el infierno.

Trecho del capitulo 23 (Mística Ciudad de Dios)

 

Engaño de los demonios:

Uno de los ocultos y venerables misterios de este capítulo es que Lucifer y sus demonios, durante la vida y milagros de nuestro Salvador, nunca pudieron saber con seguridad que Nuestro Señor Jesús era Dios verdaderoy Redentor del mundo.

Por la misma razón tampoco conocían la dignidad de María santísima. Así lo dispuso la Providencia de la divina Sabiduría, para que se ejecutase más convenientemente todo el misterio de la Encarnación y Redención de la raza humana.

Aunque Lucifer sabía que Dios tomaría carne humana, ignoraba el modo y circunstancias de la Encarnación y juzgó estas circunstancias conforme su soberbia, luego flotaba en sus engaños; a veces afirmaba que Cristo era Dios por los milagros que hacía, y después lo negaba porque lo veía pobre, humillado, afligido y fatigado. Y cegándose el Dragón con este contraste, continuó dudando e investigando hasta la hora de la Crucifixión; en esta hora comprendería los misterios de Cristo, quedando al mismo tiempo desengañado y vencido, en virtud de la pasión y muerte que él mismo había procurado a su humanidad Santísima.

 

Los demonios en el Calvario:

En el capítulo anterior se dijo cómo Lucifer con sus demonios intentaron desviarse de Cristo nuestro Salvador y arrojarse al infierno, luego que Su Majestad recibió la cruz sobre sus sagrados hombros, porque en aquel punto sintieron contra sí el poder divino, que con mayor fuerza los comenzaba a oprimir. Con este nuevo tormento reconocieron, permitiéndolo así el Señor, que les amenazaba gran ruina con la muerte de aquel Hombre ino­cente que ellos habían maquinado, y que era más que puro hombre. Y deseaban retirarse y no continuar a instigar a los judíos y ministros de jus­ticia, como lo habían hecho hasta aquella hora. Pero el poder divino los detuvo y encadenó como a dragones ferocísimos, obligándo­los, por medio del poder de María santísima, para que no huyesen, sino que fuesen siguiendo a Cristo hasta  el Calvario.

El extremo de esta cadena se le dio a la gran Reina, para que con las virtudes de su Hijo santísimo los sujetase y argollase y, aunque muchas veces forcejaban intentando la fuga y despedazándose de furor, no pudieron vencer la fuerza con que la divina Señora los detenía y obligaba a llegar al Calvario y rodearse a la Cruz. Les ordenó que estuviesen inmóviles hasta el fin de tan altos misterios que ahí se obraban, para el bien de los hombres y ruina para los demonios.

 

Derrota de los demonios:

         Ya era tiempo de que esta antigua serpiente fuese ven­cida por el Maestro de la vida, Y como tenía que ser con el des­engaño, no le cabía a este venenoso áspid taparse los oídos (Sal 57, 5) del encantador, entonces comenzó el Señor a hablar en la Cruz las siete palabras dando permiso a Lucifer y a sus demonios para que oyéndolas entiendan los misterios que encerraban; porque con este conocimiento quería Nuestro Señor triunfar sobre ellos, del pecado y de la muerte, y despojarlos de la tiranía con que tenían sujetado a toda la raza humana.

Pronunció Su Majestad la primera palabra: Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen (Lc 23, 34). En estas razones conocieron los príncipes de las tinieblas con seguridad que Cristo nuestro Señor hablaba con el Eterno Padre y que era su Hijo natural y ver­dadero Dios con Él y con el Espíritu Santo y divino; y que en su humanidad santísima de perfecto hombre unida a la divinidad, ad­mitía la muerte de su propia voluntad para redimir a toda la raza humana, y que por sus merecimientos de infinito valor ofrecía el perdón general de todos los pecados a los hijos de Adán que se valieran de su redención y la aplicaran para su remedio sin excep­tuar a los mismos reos que le crucificaban. De este desengaño con­cibieron Lucifer y sus demonios tanta ira y despecho, que en aquel instante quisieron lanzarse impetuosamente en el profundo del infierno y forcejaban con todas sus fuerzas para hacerlo, pero la poderosa Rei­na los detenía.

En la segunda palabra que habló el Señor con el dichoso ladrón: La verdad te digo, que hoy serás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43), entendieron los demonios el fruto de la Redención en la justifica­ción de los pecadores y el fin último en la glorificación de los justos. Desde aquella hora comenzaban a obrar con nueva fuerza y virtud los merecimientos de Cristo y que con ellos se abrían las puertas del paraíso que con el primer pecado se cerraron, y que desde entonces entrarían los hombres a gozar la felicidad eterna y ocupar las sillas del Cielo que ellos jamás recuperarían. Conocieron en esto el poder de Cristo Señor nuestro para llamar a los pecadores, justificarlos y glorificarlos, y los triunfos que en Su vida santísima habían conseguido de todos ellos con las virtudes eminentísimas que habían ejercitado de humildad, paciencia, manse­dumbre y todas las demás. La confusión y tormento de Lucifer, cuando conoció esta verdad, no se puede explicar con lengua humana, pero fue tal, que su soberbia se humilló, pidiendo a Nuestra Reina María Santísima que les permitiese bajar al infierno y los arrojase de su presencia; pero no lo consintió la gran Reina, porque aún no era la hora.

Con la tercera  palabra que habló Jesús dulcísimo con su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo (Jn 19, 26), conocieron los demonios que aquella divina Mujer era Madre verdadera  de  Dios humanado, y La misma que se les había manifestado en el cielo en imagen y señal cuando fueron criados, y La que les aplastaría la cabeza, como el Señor se lo había dicho en el paraíso terrenal (Gen 3, 15). Conocieron la digni­dad y excelencia de esta gran Señora sobre todas las criaturas y la potestad que contra ellos tenía, como ya lo estaban experimentando.

Desde el principio del mundo, cuando fue criada la primera mujer, todos los demonios habían buscado con su astucia quién se­ría aquella gran Mujer señalada en el cielo, y en esta ocasión conocieron que hasta ese entonces la habían perdido de vista sin conocerla, fue inexplicable el furor de estos dragones, porque este desengaño desatinó su arrogancia sobre todo lo que les atormentaba, y se en­furecían contra sí mismos como unos leones sangrientos, y contra la Divina Señora renovaron su indignación aunque sin provecho. Además de esto conocieron que San Juan Evangelista era señalado por Cristo nues­tro Salvador como ángel de la guarda de su Madre, con la potestad de Sacerdote. Este conocimiento les sirvió como amenaza contra la indignación que tenían con la gran Señora, y así también lo entendió San Juan Evangelista.

Y no sólo conoció Lucifer la potestad del Evangelista contra los demonios, sino también la que se les daba a todos los Sacerdotes por su dig­nidad y participación de la misma de nuestro Redentor, y que los demás justos, aunque no fuesen sacerdotes, estarían debajo de una especial protección del Señor y serían poderosos contra el infierno. Y todo esto debilitaba las fuerzas de Lucifer y sus demonios.

La cuarta palabra de Cristo nuestro Salvador fue con el Eterno Padre, diciendo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me desam­paraste? (Mt 27, 46) Conocieron en ella los malignos espíritus que la caridad de Cristo con todos los hombres era inmensa y sin término, y que misteriosamente para satisfacerla se le había suspendido a su humanidad santísima el INFLUJO DE LA DIVINIDAD. Este supremo rigor de la pasión convirtió la Redencióncuantiosísima, y su amorosa queja era por los hombres que lo abandonarían y no fuesen salvados, por los cuales estaba dispuesto de padecer más, si el Eterno Padre así lo ordenara.

Esta felicidad de los hombres de ser tan amados del mismo Dios aumentó la envidia de Lucifer y sus ministros, y sintieron todos la omnipotencia divina para ejecutar con los hombres aquella infinita caridad sin limitación. Y esta noticia quebrantó el orgullo y malignidad de los enemigos, recono­ciéndose flacos y débiles para oponerse a ello con eficacia, si los hombres no la querían estropear.

         La quinta palabra que habló Cristo: Tengo sed (Jn 19, 28), adelantó más este triunfo sobre el demonio y sus secuaces, y se enfurecieron con rabia y despecho, porque la encaminó Su Majestad más claramente contra ellos. Y entendieron que les decía: Si os parece mucho lo que Padezco por los hombres y el amor que les Tengo, Quiero que entendáis que siempre Mi caridad queda sedienta y anhelando por su eterna salud y no la han extinguido las muchas aguas de Mis tormen­tos y dolores de Mi pasión; muchos más Padeciera por ellos, si fuera necesario, para redimirlos de vuestra tiranía y hacerlos poderosos y fuertes contra vuestra malicia y soberbia.

En la sexta palabra del Señor: Todo esta consumado (Jn 19, 30), acabaron de conocer Lucifer y sus demonios el misterio de la Encarnación y Redención humana, ya concluida con el orden de la sabiduría di­vina en todo su cumplimiento y perfección. Porque se les manifestó cómo Cristo nuestro Redentor había cumplido con la obediencia del Padre Eterno, y cómo había llenado las promesas y profecías hechas al mundo de los antiguos padres, y que la humildad y obediencia de nuestro Redentor había recompensado su soberbia y la inobediencia que tuvieron en el Cielo no queriendo sujetarse y reco­nocerle por superior en la carne humana; y que por esto, consuma sabiduría y equidad eran humillados y vencidos por aquel mismo Señor que ellos despreciaron.

Y como por la dignidad grande e infinitos méri­tos de Cristo era consecuente que en aquella hora se ejecu­tase el oficio y potestad de juez de los ángeles y de los hombres, como el Eterno Padre se lo había otorgado. Usando de su poder, declaró y ejecutó la sentencia contra Lucifer y sus demonios, les ordenó que como condenados al fuego eterno bajasen inmediatamente todos a lo más profundo de aquellos calabozos infernales.

En seguida, pronunció la séptima pala­bra: Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu (Lc 23, 46). Concurrió la poderosa Reina y Madre de Jesús con la voluntad de su Hijo santísimo y mandó también a Lucifer y sus aliados que inmediatamente descendiesen al abismo. Y a la fuerza de esta orden del supremo Rey y de la Reina, salieron los espíritus malignos del monte Calvario y fueron precipitados hasta lo más ínfimo del infierno con mayor violencia y presteza que sale el rayo despedido de las nubes.

 

 

Parte 2

 

 

Victoria de Cristo sobre la muerte:

Cristo nuestro Salvador, como victorioso triunfador, ya rendido el mayor enemigo, para entregar su espíritu al Padre, dio permiso a la MUERTE para que llegase, inclinando la cabeza, venciendo también a la misma muerte con este consentimiento, en que también se halló engañada la misma muerte como el demonio.

La razón de esto es, porque la muerte no podría herir a los hombres ni tener jurisdicción sobre ellos, si no es por el primer pecado, de la cual ella es el castigo; y por eso el Apóstol dijo que las armas o estímu­lo de la muerte es el pecado, que abrió la herida por donde entró la muerte en el mundo de la raza humana (Rom 5,12).

Como nuestro Salvador pagó la deuda del pecado que no cometió, cuando la muerte le quitó la vida sin tener derecho sobre Su Majestad, perdió el derecho que tenía contra los demás hijos de Adán. Desde enton­ces ni la muerte ni el demonio podrían ambicionar como antes, a no ser que los mismos hombres, regresen voluntariamente a sujetarse aquellos tiranos.

Si nuestro primer padre Adán no pecara y no hubiéramos pecado todos en él, no hubiera pena de muerte, sino un tránsito de aquel feliz estado al felicísimo de la eterna patria. Pero el pecado nos hizo súbditos de la muerte y esclavos del demonio, que nos la procuró, para que valiéndose de ella nos privase del tránsito a la vida eterna, y primero de la gracia, dones y amistad de Dios; y quedamos en servidumbre del pecado y del demonio y sujetos a su tirano y enemigo poder.

Todas estas obras del demonio destruyó Cristo nuestro Señor y, muriendo sin culpa y satisfaciendo por las nuestras, hizo que la MUERTE SÓLO FUESE CORPORAL Y NO DEL ALMA; que nos quitase la vida corporal y no la eterna, la natural y no la espiritual, bien que podría ser solo una puerta para pasar a la última felicidad, si nosotros no queremos perderla. Así cumplió Su Majestad la pena y el castigo del primer pecado, dis­poniendo también que con la muerte corporal y natural, admitida por su amor, fuese la recompensa que podíamos ofrecer de nuestra parte. De esta manera absorbió Cristo nuestro Señor la muerte (1 Cor 15, 54), y la suya fue el bocado con que le engañó (Os 13, 14) y con su muerte Santísi­ma le quitó las fuerzas y la vida y la dejó vencida y muerta.

 

Conciliábulo* que hizo Lucifer con sus demonios en el in­fierno,

después de la muerte de Cristo nuestro Señor.

 

La caída de Lucifer con sus demonios desde el monte Calvario al profundo del infierno fue más turbulenta y furiosa que cuando fue arrojado del cielo. Y aunque aquel lugar siempre fue tierra tenebrosa y cubierta de las sombras de la muerte, de densa confusión, de miserias, tormentos y desorden, en esta oca­sión fue mayor su infelicidad y turbación, porque los condenados recibieron nuevo horror y accidental pena con la ferocidad y encuentros que bajaron los demonios y el despecho que manifestaban rabiosos.

Es cierto que no tienen poder en el infierno para poner las almas a su voluntad en lugares de mayor o menor tormento, porque esto lo dispensa el poder de la divina justicia según los deméritos de cada uno de los condenados, porque con esta medida sean atormentados; pero, además de la pena esencial, dispone el justo Juez que puedan sucesivamente padecer otras penas accidentales en algunas ocasiones, porque sus pecados dejaron en el mundo RAÍCES Y MUCHOS DAÑOS para otros, que por su causa se condenan y el nuevo efecto de sus pecados no remediados les causa estas penas.

Atormentaron los demonios a Judas Iscariotes con nuevas penas, por haber vendido y procurado la muerte a Cristo. Y conocieron entonces que aquel lugar de tan formidables penas, donde le habían puesto era destinado para castigo de los que se condenasen con fe y sin obras y los que despreciasen del culto de esta virtud y del fruto de la Redención humana. Y contra éstos manifiestan los demonios mayor indignación, como la concibieron contra Jesús y María.

Lucifer convoca el conciliábulo:

Luego que Lucifer tuvo permiso para esto y para levantarse del aterramiento en que estuvo algún tiempo, procuró entenderse con los demonios por su nueva arrogancia contra el Señor. Para esto los convocó a todos y puesto en lugar eminente les habló y dijo:

A vosotros, que por tantos siglos habéis seguido y seguiréis mi justa parcialidad en venganza de mis agravios, es notorio el que ahora he recibido de este nuevo Hombre y Dios y cómo por espacio de treinta y tres años me ha traído engañado, ocultándome el ser divino que tenía y encubriendo las operaciones de su alma y alcanzando de nos­otros el triunfo que ha ganado con la misma muerte que le procuramos para destruirle. Antes que tomara carne humana le aborrecí y no me sujeté a reconocerle por más digno que yo de que todos le adorasen como superior.

Y aunque por esta resistencia fui derri­bado del Cielo con vosotros y convertido en la fealdad que tengo, indigna de mi grandeza y hermosura, pero más que todo esto, me atormenta hallarme tan vencido y oprimido de este Hombre y de su Madre. Desde el día que fue criado el primer hombre los he bus­cado con desvelo para destruirlos, si no a ellos, a todas sus criatu­ras, y que ninguna le admitiese por su Dios ni le siga, y que sus obras no resultasen en beneficio de los hombres. Estos han sido mis deseos, estos mis cuidados y tentativas, pero en vano, pues me venció con su humildad y pobreza, me quebrantó con su paciencia y al fin me derribó de la soberanía que tenía en el mundo con Su pasión y ignominiosa muerte. Esto me atormenta de manera, que si a él le derribara de la diestra de su Padre, donde ya estará triunfante, y a todos sus redimidos los trajera a estos infiernos, aun no quedara mi enojo satisfecho, ni se aplacara mi furor.

         ¿Es posible que la naturaleza humana, tan inferior a la mía, ha de ser tan levantada sobre todas las criaturas, que ha de ser tan amada y favorecida de su Criador que la juntase a sí mismo en la persona del Verbo Eterno, que antes de ejecutarse esta obra me hiciese guerra y después me quebrantase con tanta confusión mía? Siempre la tuve por enemiga cruel, siempre me fue aborrecible e intolerable. ¡Oh hombres tan favorecidos y regalados del DiosQUE YO ABORREZCO Y AMADOS DE SU ARDIENTE CARIDAD!

¿Cómo impediré vues­tra dicha? ¿Cómo os haré infelices cual yo soy, pues no puedo ani­quilar al mismo ser que recibisteis? ¿Qué hacemos ahora, oh vasallos míos? ¿Cómo restauraremos nuestro poder? ¿Cómo cobrare­mos fuerzas contra el hombre? ¿Cómo podremos vencerle ya?

Por­que si los mortales no son más insensibles e ingratísimos, si no son peores que nosotros contra este hombre y Dios que con tanto amor los ha redimido, claro está que todos le seguirán a por­fía, todos le darán el corazón y abrazarán su suave ley, ninguno admitirá nuestros engaños, aborrecerán las honras que falsamente les ofrecemos y amarán el desprecio, querrán la mortificación de su carne y conocerán el peligro de los deleites, dejarán los tesoros y riquezas y amarán la pobreza que tanto honró su Maestro y a todo cuanto nosotros pretendamos aficionar sus apetitos les será abo­rrecible por imitar a su verdadero Redentor. Con esto se destruye nuestro reino, pues nadie vendrá con nosotros a este lugar de con­fusión y tormento, y todos alcanzarán la felicidad que nosotros perdimos, todos se humillarán hasta el polvo y padecerán con  pa­ciencia, y no se logrará mi indignación y soberbia.

         ¡Oh infeliz de mí, y qué tormento me causa mi propio en­gaño! Tentarlo en el desierto, fue darle oportunidad para que con aquella victoria deje ejemplo a los hombres y al mundo lecciones para vencerme. Si le perseguí, fue ocasionar la enseñanza de su humildad y paciencia. Si persuadí a Judas Iscariotes que le vendiese y a los judíos que con mortal odio le atormentasen y pusie­sen en la Cruz, con estas diligencias solicité mi ruina y el remedio de los hombres y que en el mundo quedase aquella doctrina que yo pretendí extinguir.

¿Cómo se pudo humillar tanto el que era Dios?

¿Cómo sufrió tanto por los hombres siendo tan malos?

¿Cómo ayudé tanto yo mismo para que la redención humana fuese tan abundante y admirable?

¡Oh qué fuerza tan divina la de este Hom­bre, que así me atormenta y debilita! Y aquella mi enemiga, Ma­dre suya, ¿Cómo es tan invencible y poderosa contra mí? Eso es nue­vo en criatura pura, tal potencia y sin duda la participa del Verbo eterno, a quien vistió de carne. Siempre me hizo grande guerra el Todopoderoso por medio de esta mujer tan aborrecible a mi alti­vez, desde que la conocí en su señal o idea. Pero si no se aplaca mi soberbia indignación, no me despido de hacer perpetua guerra a este Redentor, a su Madre y a los hombres.

Ea, demonios de mi séquito, ahora es el tiempo de ejecutar la ira contra Dios. Llegad todos a conferir conmigo por qué medios lo haremos, que deseo en esto vuestro parecer.

Reacción diabólica contra la Redención:

         A esta temible propuesta de Lucifer respondieron algu­nos demonios de los más superiores, animándole con diversos arbi­trios que fabricaron para impedir el fruto de la Redención en los hombres. Y convinieron todos en que no era posible ofender a la persona de Cristo, ni reducir el valor inmenso de sus merecimientos, ni destruir la eficacia de los Sacramentos, ni falsificar ni revo­car la doctrina que Cristo nuestro Señor había predicado; pero no obstante todo esto convenía que, conforme a las nuevas causas, medios y favores que Dios había ordenado para el remedio de los hombres, se inventasen allí nuevos modos de impedirlos, pervirtién­dolos con mayores tentaciones y falacias.

Y para esto algunos demonios de mayor astucia y malicia dijeron: Verdad es que los hombres tienen ya nueva doctrina y ley muy poderosa, tienen nuevos y eficaces sacramentos, nuevo ejemplar y maestro de las virtudes ypoderosa intercesora y abogada en esta nueva Mujer; pero las inclinaciones y pasiones de su carne y naturaleza siempre es una misma y las cosas deleitables y sensibles no han cambiado. Por este medio, añadiendo nueva astucia, desharemos, en cuanto es de nuestra parte, lo que este Dios y Hombre ha obrado por ellos, y les haremos poderosa guerra procurando atraerlos con sugestiones, irri­tando sus pasiones, para que con grande ímpetu las sigan sin atender otra cosa, y la condición humana, tan limitada, embarazada en un objeto, no puede atender al contrario.

Origen de las herejías:

Con este arbitrio comenzaron de nuevo a repartir oficios entre los demonios, para que con nueva astucia se encargasen como por cuadrillas  de diferentes vicios en que tentar a los hombres.

Determinaron que se procurase conservar en el mundo la idolatría, para que  los hombres no llegasen al conocimiento del verdadero Dios ni de la Redención humana. Y si esta idolatría faltaba, arbitra­ron que se inventasen nuevas sectas y herejías en el mundo, y que para todo esto buscasen los hombres más perversos y de inclinacio­nes depravadas que primero las admitiesen y fuesen maestros y cabezas de los errores. Y allí fueron ideadas en la inteligencia de aque­llas venenosas serpientes la secta de falso profeta Mahoma, las herejías de Arrio, de Pelágio, de Nestório y cuantas se han conocido en el mundo desde la primitiva Iglesia hasta ahora, y otras que tienen maquinadas, que ni es necesario ni conveniente referirlas. Y este infernal arbitrio aprobó Lucifer, porque se oponía a la divina verdad y destruía el fundamento de la salvación humana, que consiste en la fe divina; y a los demonios que lo intentaron y se encargaron de buscar hombres impíos para introducir estos errores, los alabó y acarició y los puso a su lado.

            Otros planos diabólicos:

Otros demonios tomaron por su cuenta pervertir las in­clinaciones de los niños, observando las de su generación y naci­miento. Otros, de hacer negligentes a sus padres en la educación y doctrina de los hijos o por demasiado amor o aborrecimiento, y que los hijos aborreciesen a  sus padres. Otros se ofrecieron a poner odio entre los maridos y mujeres y facilitar los adulterios y des­preciar la justicia y fidelidad que se deben. Y todos convinieron en que sembrarían entre los hombres disputas, odios, discordias y ven­ganzas, y para esto los moviesen con sugestiones falsas, con inclinaciones  soberbias y sensuales, con avaricia y deseo de honras y dignidades, y les propusiesen razones aparentes contra todas las virtudes  que Cristo nuestro Señor había enseñado, y sobre todo DIVIRTIESEN a los mortales de la memoria de su pasión y muerte y del REMEDIO de la Redención, de las PENAS del infierno y de su eter­nidad. Y por estos medios les pareció a todos los demonios que los hombres ocuparían sus potencias y cuidados en las cosas delei­tables y sensibles y no les quedaría atención ni consideración de las espirituales, NI DE SU PROPIA SALVACIÓN.

Planos de Lucifer:

         Oyó Lucifer éstos y otros arbitrios de los demonios y res­pondiendo dijo: Con vuestros pareceres quedo muy obligado y todos los admito y apruebo, y todo será fácil de alcanzar con LOS QUE NO PROFESAREN LA LEY QUE ESTE REDENTOR HA DADO a los hombres; pero a los que la admitan y abracen, será difícil empresa, sin embargo en ella y contra éstos pretendo estrenar mi saña y furor y perseguir acérrimamente a los que oyeren la doctrina de este Redentor y le siguieren, y contra ellos ha de ser nuestra guerra sangrienta hasta el fin del mundo. En esta “nueva iglesia” he de procurar sobresembrar mi cizaña, las ambiciones, la codicia, la sensualidad y los mortales odios, con todos los vicios de que soy cabeza. Porque si una vez se multiplican y crecen los pecados entre los fieles, con estas injurias y su pesada ingratitud irritarán a Dios para que les niegue con justicia los auxilios de la gracia que les deja tan merecidos su Redentor, y si con sus pecados se privan de este camino de su remedio, tendremos la victoria segura contra ellos. También es necesario que trabajemos en quitarles la piedad y todo lo que es espiri­tual y divino, que no entiendan la virtud de los Sacramentos, o que los reciban en pecado, y cuando no tengan pecado que sea sin fervor ni devoción; ya que como estos beneficios son espirituales, es menester admitirlos con afecto de voluntad, para que tenga más fruto quien los use. Y si una vez llegan a despreciar la medicina, tarde recuperarán la salud y resistirán menos a nuestras tentaciones, no conocerán nuestros engaños, olvidarán los beneficios, no estimarán la memoria de su propio Redentor ni la intercesión de su Madre, y esta feísima ingratitud los hará indignos de la gracia, e irritado su Dios y Salvador se la negará. Y en esto quiero que todos me ayudéis con grande esfuerzo, no perdiendo tiempo ni ocasión de ejecutar lo que os mando.

 

La Misión: Se dan cuenta que hasta antes que nosotros nazcamos, cientos de años antes, el mal ya tenía un plan especifico para todo y por eso estamos como estamos y alguien que nos ama, nos quiere abrir los ojos, para que no nos perdamos, para salvarnos, por que nos ama… Nuestro Creador nos ama.

Señor, ayúdame a volver a Ti, hay tantas cosas que no comprendo, pero en el fondo se que tengo que volver a Ti, has que las circunstancias me llevan a Ti de nuevo, a mi y a mi familia, enseñadme Tu Luz, dadme tiempo para orar, guíame. Padre Nuestro…

 

Doctrina que dio la Reina del cielo a Sor Ágreda

 

Este complot duró casi un año entero después de la muerte de Cristo.

Hija mía, gran conocimiento has recibido con la divina luz del glorioso triunfo que Mi Hijo y Mi Señor alcanzó en la Cruz contra los demonios y como os dejó vencidos y rendidos. Pero debes entender que ignoras mucho más de lo que has conocido de misterios tan inefables, porque en carne mortal la criatura no tiene disposición para  penetrarlos  como  ellos  son  en sí mismos, y la divina Providencia reserva su total conocimiento como premio de los santos del cielo y a su vista beatífica, donde se  alcanzan   estos   misterios   con  perfecta  penetración,  y  también para confusión de los réprobos en el grado que lo conocerán al fin de su vida.

Pero basta lo que has entendido para quedar avisada del peligro de la vida mortal y alentada con la esperanza de vencer a tus enemigos. Y quiero también que no te descuides con la nueva indignación que contra ti ha concebido el Dragón por lo que escribiste en este capítulo. Él siempre te ha odiado y ha buscado impedirte para que no escribieras Mi Vida, conforme lo has visto. Pero ahora se ha irritado su soberbia de nuevo por lo que has manifestado, la humillación, quebranto y ruina que recibió en la muerte de mi Hijo santísimo y el estado en que le dejó y los arbitrios que fabricó con sus demonios para vengar su caída en los hijos de Adán y más en los de la Santa Iglesia. Todo esto le ha turbado y alterado de nuevo, por ver que se manifiesta a los que lo ignoraban. Y tú sentirás esta indignación en los traba­jos que moverá contra ti, con varias tentaciones y persecuciones, que ya has comenzado a percibir y experimentar la saña y cruel­dad de este enemigo; y te aviso para que tengas más cuidado.

         Es con razón que estás admirada lo que conociste, por una parte el poder de los merecimientos de mi Hijo y redención huma­na y la ruina y debilitación que causó en los demonios, y por otra parte verlos tan poderosos y señoreando al mundo con formidable osadía. Y aunque a esta admiración te responde la luz que se te ha dado en lo que dejas escrito, quiero añadirte más, para que tu cuidado sea mayor contra enemigos tan llenos de malicia. Cierto es que cuando conocieron el  sacramento de la Encarnación y Reden­ción y que mi Hijo santísimo había nacido tan pobre, humilde y des­preciado, su vida, milagros, pasión y muerte misteriosa, y todo lo demás que obró en el mundo para traer a sí a los hombres, quedó Lucifer y sus demonios debilitados y sin fuerzas para tentar a los fieles, como solían a los demás, y como siempre deseaban.

En la primitiva Iglesia perseveró muchos años este terror de los demo­nios y el temor que tenían a los bautizados y seguidores de Cristo nuestro  Señor, porque resplandecía en ellos  la virtud divina por medio de  la imitación y fervor con que profesaban su  santa fe, seguían la doctrina del Evangelio, ejecutaban las virtudes con he­roicos y ferventísimos actos de amor, de humildad, paciencia y des­precio de las vanidades y engaños aparentes del mundo; y muchos derramaban su sangre y daban la vida por Cristo nuestro Señor y hacían obras excelentes y admirables por la exaltación de su santo nombre. Esta invencible fortaleza les redundaba de estar tan inme­diatos a la pasión y muerte de su Redentor y tener más presente el prodigioso ejemplar de su grandiosa paciencia y humildad, y por ser menos tentados de los demonios, que no pudieron levantarse del pesado aterramiento en que los dejó el triunfo del divino Cruci­ficado.

         Esta imagen viva e imitación de Cristo, que reconocían los demonios en aquellos primeros hijos de la Iglesia, temían de manera que no se atrevían a llegar a ellos y luego huían de su presencia, como sucedía con los Apóstoles y los demás justos que gozaron de la doctrina de mi Hijo santísimo. Ofrecían al Altísimo en su perfectísimo obrar las primicias de la gracia y Redención. Y lo mismo su­cediera  ahora, como se ve y experimenta en los perfectos y santos, si todos los católicos admitieran la gracia y colaborasen con ella y no la dejasen vacía; si siguieran el camino de la cruz, como el mismo Lucifer lo temió, conforme dejas escrito.

Pero luego con el tiempo se comenzó a enfriar la caridad, el fervor y devoción en muchos fie­les, y fueron olvidando el beneficio de la Redención, admitieron las inclinaciones y deseos carnales, amaron la vanidad y la codicia y se han dejado engañar y fascinar de las fabulaciones falsas de Lucifer, con que han oscurecido la gloria del Señor y se han entregado a sus mortales enemigos. Con esta fea ingratitud ha llegado el mundo al infelicísimo estado que está, y los demonios han levantado su soberbia contra Dios, presumiendo apoderarse de todos los hijos de Adán, por el olvido y descuido de los católicos. Y llega su osadía a intentar la destrucción de toda la Iglesia, pervirtiendo a tantos que la nieguen, y a los que están en ella que la desestimen o que no se aprovechen del precio de la sangre y muerte de su Redentor. Y la mayor calamidad es que muchos católicos no se dan cuenta de este daño, ni se preocupan en remediar. Aunque pueden presumir que han llegado a los tiempos que mi Hijo santísimo amenazó cuando habló a las hijas de Jerusalén (Lc 23, 28), que serían dichosas las estériles y muchos pedirían a los montes y colinas que los enterrasen y cayesen sobre ellos, para no ver el incendio de tan feas culpas en las leñas secas de los hijos de la perdición, sin fruto y sin ninguna virtud.

En este mal siglo vives, oh hija mía, y para que no seas envuelta en la perdición de tantas almas, llórala con amargura de corazón y nunca olvides los misterios de la encarnación, pasión y muerte de mi Hijo santísimo, que quiero los agradezcas tú por muchos que los desprecian. TE ASEGURO QUE SOLA ESTA MEMORIA Y MEDITACIÓN ES DE GRAN TERROR PARA EL INFIERNO Y ATORMENTA Y ALEJA A LOS DEMONIOS, y ellos huyen y se apartan de los que con agradeci­miento se acuerdan de la vida y misterios de mi Hijo Santísimo.

 

*Conciliábulo: Conjuración, conspiración, complot, cábala, maquinación, plan.

(1) Site donde lo podemos encontrar: http://iteadjmj.com

 

La Misión: Aquí en esta doctrina esta una de las grandes razones por las cuales tenemos que obedecer a la Virgen sobre uno de sus insistentes pedidos.

Recordemos nomás algunas de las principales razones para seguir diariamente cierta devoción: Nos da fortaleza y nos eleva de nivel espiritualmente, nos permite identificar emboscadas del mal, nos da Gracias que mejoran nuestra vida, nos permite salvar a otros, honramos a los Sagrados Corazones, renueva nuestros talentos, nos santifica, y como dice arriba, nos asegura que tan solo hacer esa meditación da terror y aleja al mal… todo esto haciendo la meditación de los misterios de encarnación, pasión y muerte… y eso hermanos míos no es mas que el ROSARIO!!

Muchas almas en el mundo saben de esto, muchas y todo por las Apariciones de Fátima, después que el mundo supo el Mensaje de la Virgen en Fátima de que solo el Rosario nos salvará, la cantidad de gente que utiliza el Rosario es inmensa en el mundo entero… sino párense nomás en una esquina y cuenten cuantos carros tienen un Rosario colgado en el retrovisor?

Lo ven? Muchos ya saben eso, pero… pena que solo sepan eso y no más, la mayoría cree que el Rosario es un amuleto que se cuelga para que no le roben el carro, escucharon que es para salvarse, pero solo lo cuelgan en el carro. Hermanos el Rosario si salva, desde que sea usado, orando sus misterios, salva como un bote salvavidas, pero hay que inflarlo, de nada nos sirve un bote desinflado, igual es orar el Rosario, si no se ora, esta desinflado… son como las velas bendecidas en los 3 días de tinieblas, no es suficiente bendecirlas y guardarlas, si no se ha llevado una vida consagrada y orante esas velas no prenderán ni con pozo de petróleo.

El combustible es el amor, y el amor viaja a través del alma y el corazón empujado por la oración, la oración del Rosario es el medio de comunicación directa con la Virgen, Jesús, Santos y Ángeles. Es tan simple un Rosario repitiendo Padre Nuestros y Ave Marías que muchos solo de saber lo desprecian, justamente por que es demasiado simple para salvar es que salva… en la simpleza radica el amor de Dios. Quien sabe algunos no entiendan eso, demasiado simple.

 

Oración: Apreciados Hermanos, uno siempre se pregunta justo cuando acaba de comulgar, que digo, que pienso, como alabo, como agradezco, quisiera decir tanto… Aquí les tengo unos textos que les aconsejo imprimir este pedacito y llevarlo en su bolsillo, y cuando se arrodillen después de comulgar, ábranlo y léanlo, Su Dios y la Virgen estarán contentos.

 

Oración para después de la comunión enseñada por Nuestra Señora en Jacareí

Oh Jesús, Oh Dulzura de mi ser, yo Os ofrezco esta Comunión por las Manos de Maria, Madre de la Eucaristía y por Su Inmaculado Corazón cercado de espinas!

Tened piedad de nosotros Señor! Por María, Nuestra Madre, recibid esta Comunión y mi corazón. Amén

 

Miren que hermosa y profunda meditación para después de la comunión:

 

ALMA DE CRISTO (San Ignacio de Loyola)

Alma de Cristo, santificadme.

Cuerpo de Cristo, salvadme.

Sangre de Cristo, embriagadme.

Agua del costado de Cristo, lavadme.

Pasión de Cristo, confortadme

¡Oh mi buen Jesús, oídme!

Dentro de vuestras llagas, escondedme.

No permitáis, que me aparte de Vos.

Del espíritu maligno, defendedme.

En la hora de mi muerte, llamadme.

Y mándame ir para Vos.

Para que con todos Vuestros Ángeles y Santos Te alabe.

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

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